Editorial

Elecciones abiertas

La principal lección que cabe sacar de la encuesta es que la pandemia abre muchos interrogantes en cuanto a la participación

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Urnas preparadas en un colegio de Barcelona para las elecciones de 2017.

Urnas preparadas en un colegio de Barcelona para las elecciones de 2017. / EMILIO MORENATTI (AP)

La primera incógnita –la de la fecha de las elecciones catalanas– ha quedado despejada: el TSJC acordó el viernes anular el decreto que suspendía la cita electoral y los comicios se celebrarán el día inicialmente fijado, es decir, el 14 de febrero. La segunda incógnita –la composición del nuevo Parlament– la despejarán los ciudadanos. EL PERIÓDICO publica una nueva encuesta del GESOP. Como todo sondeo, refleja la intención de voto en un momento dado –el trabajo de campo se realizó del 25 al 28 de enero– en espera del veredicto de las urnas.

Desde esta óptica, la principal lección que cabe sacar de la encuesta es que el resultado está más abierto que hace unas semanas. Uno de los factores clave para terminar de ajustar el porcentaje de voto y las horquillas de escaños de cada fuerza política será la participación. Los ciudadanos que aseguran que irán a votar (61,5%) retroceden en relación con la anterior encuesta (74,6%), de inicios de año (del 4 al 7 de enero). La polémica sobre la fecha de las elecciones, con el telón de fondo de la alarma sanitaria por el coronavirus, no es ajena a este retroceso. El auge del voto por correo y la capacidad de movilización de los partidos hasta el 14-F pueden cambiar esta tendencia.

La llamada ‘fatiga pandémica’ tiene su traducción electoral en las preferencias entre los presidenciables: crece la indefinición (26,8%). Sigue encabezando el ‘ranking’ Salvador Illa (18,8%) seguido de Pere Aragonès (13,1%) y de Laura Borràs (12,5%). El ‘efecto Illa’ se estabiliza. El candidato del PSC moviliza a los electores de 2017 y capta votantes de otros partidos en aquella ocasión, muy significativamente de Ciudadanos pero también de Comuns y del PP. Ello explica que se haya disparado en la estimación de voto, pero el resultado final dependerá en muy buena medida de la participación total y del reparto territorial de ese voto. Más volatilidad hay en el bloque favorable a la independencia: la indecisión crece entre los votantes de Esquerra mientras que la fidelidad de los de Junts se estanca. La irrupción de los políticos que han salido de la cárcel al inicio de la campaña puede decantar esta pugna, que impactará también en el resultado final y en el ganador de las elecciones.

Mayorías posibles

En este contexto, el equilibrio entre los bloques que han marcado en la última década la política catalana se mantiene casi intacto. De manera que, si los vetos cruzados de mantienen, será muy difícil la formación de mayorías distintas a las de las últimas legislaturas, aunque los propios protagonistas han abjurado de ellas. Buena parte de la actual indecisión se puede deber precisamente a las preferencias que tengan los electores no solo para definir las mayorías, sino también las alianzas.

Hasta aquí las coordenadas de una encuesta que, como decíamos al inicio, refleja solo la actual temperatura electoral. Serán los ciudadanos los que decidirán el 14-F. En política, como recordaba François Mitterrand, dos y dos no suman nunca cuatro –“suman tres y, a veces, cinco”–. Con independencia de las sorpresas que puedan deparar las urnas, las principales fuerzas políticas están llamadas a reencontrarse y a reconstruir un catalanismo transversal que sea capaz de afrontar la crisis sanitaria y la devastación socioeconómica que deja la pandemia, y encarar a largo plazo la resolución del conflicto político levantado a propósito de la independencia.