La tribuna

Prioridades del nuevo Govern

El verdadero peligro de la pandemia de la Covid-19 no es tanto la crisis de la economía como el colapso social. Evitarlo, además de recuperar la confianza de toda la sociedad catalana en sus instituciones, debería ser el primer objetivo

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Un sintecho, en el paseo de Sant Joan de Barcelona.

Un sintecho, en el paseo de Sant Joan de Barcelona. / JOAN PUIG

En el supuesto de que las elecciones catalanas del 14-F den lugar a un Ejecutivo estable y orientado a la gestión de la 'cosa pública', ¿cuáles deberían ser las prioridades del nuevo Govern?

Antes de responder a esta pregunta, permítanme una pequeño comentario sobre el posible resultado. ¿De qué dependerá que tengamos un Govern estable y orientado a la gestión en vez de a la ideología? ¿De la oferta programática de los candidatos o de la demanda de políticas de los votantes? Sin duda, unos candidatos y candidatas con talante moderado favorecerán la orientación a la gestión. Pero, a mi juicio, ese resultado dependerá especialmente del ánimo con el que vayan a votar los electores.

Tibor Scitovsky, un economista norteamericano de origen húngaro, publicó en la segunda mitad del siglo pasado varios estudios sobre los caminos empleados por los seres humanos para obtener la felicidad en el consumo. Identificó dos vías: el placer de la excitación y el placer de la comodidad.

 

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Si aplicamos su análisis a las preferencias en ambos extremos del espectro político catalán, vemos que muchas personas se han dejado llevar por el placer de la excitación. Mi esperanza es que se haya producido la suficiente frustración y cansancio como para que ahora busquen el placer de la comodidad traída por la moderación.

A la espera de conocer si es así, volvamos a la pregunta inicial: ¿cuáles deberían ser las prioridades del nuevo Govern?

Sin duda, la prioridad primera debe ser recobrar la confianza del conjunto de la sociedad catalana en sus instituciones legislativas, gubernamentales y administrativas. Parlamento, Govern, Administración y medios públicos han de estar al servicio del interés general y no al de una parte de la sociedad. Sin esta orientación al bien común no se recobrará la legitimidad ni la confianza.  

La segunda prioridad debe ser evitar el colapso social. El verdadero peligro de la pandemia de la covid-19 no es tanto la crisis de la economía como el colapso social. Mal que bien, la economía se recuperará. La razón principal es que, a diferencia de lo que sucedió en la crisis financiera de 2008 y en la crisis de la deuda de 2010, ahora la mentalidad de los responsables de la políticas monetarias y fiscales no es suicida, sino de ayuda a las personas y empresas afectadas por la crisis pandémica. Los nuevos fondos europeos para la recuperación económica son un ejemplo de esta nueva mentalidad político-económica.

 

Tener un Ejecutivo centrado en la gestión o en la ideología dependerá del ánimo con el que vayan a votar los electores, de si el cansancio y la frustración trocan el voto emocional por el moderado

Pero mi temor es que nuestras autoridades estén pensando más en la recuperación económica que en la social. Y, sin embargo, el coste más importante de la pandemia será el humano. El aumento del número de personas y familias que se están quedando sin empleo, ingresos, vivienda y alimento es dramático. En muchos de esos hogares viven niños cuyas vidas van a quedar marcadas por estas dramáticas carencias. Los datos de la Encuesta de Presupuestos Familiares y del Banco de España nos dicen que el porcentaje de hogares que no pueden llegar a fin de mes y que tienen una riqueza nula o negativa va en aumento de forma acelerada.  

 La continuación de esta dinámica abocaría al colapso social. Los riesgos no serían solo para la cohesión social, sino también para la economía y la democracia. Aquellos que se quedan sin trabajo, sin vivienda, y sin esperanza podrían fácilmente volverse contra las instituciones democráticas. Lo sucedido en Estados Unidos, o estos días en los Países Bajos, son una señal de peligro. Si los gobiernos han de recurrir al uso de la fuerza para sofocar los disturbios provocados por ese malestar, la democracia podría desembocar en el autoritarismo.

 

Por tanto, la prioridad política más urgente del próximo gobierno debe ser evitar el colapso social. La economía y las finanzas no pueden el único objetivo prioritario de las ayudas públicas. Sería defender el socialismo para los ricos y los riesgos del capitalismo para los demás.

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Para evitar el colapso social hay que poner el foco en la inversión en la infancia y en la economía de los cuidados. De esta forma, tendremos una sociedad más decente y una económica más dinámica e innovadora. De esto hablaremos en las próximas semanas.