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Un ministro 4 C

Miquel Iceta podrá comprobar si su quehacer diario de relación permanente con 17 autonomías le permite ejercer su catalanidad y mantener a Queen como banda sonora de su actividad

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Un ministro 4 C

                 

Salió Illa y entró Iceta. Más que un relevo ha sido un intercambio. La no coincidencia de carteras es anecdótica, porque de lo que se trata es de influir en el poder compartido. Y ambos han dirigido el PSC conjuntamente durante los últimos años y no parece que, de momento, vayan a dejarlo. Al contrario. El intercambio de papeles pretende reforzar, en teoría, la proyección que facilita el gobierno de España a sus miembros para aumentar la popularidad y respaldar la solvencia política para aplicarlas después cuándo y dónde convenga. En esto se han convertido los asuntos públicos desde que están dominados por el márketing. Y las redes han venido para empeorarlo. 

Miquel Iceta Llorens (Barcelona 17 de agosto de1960) lo sabe y por esto, haciendo caso omiso de los protectores de la rigidez del protocolo, aprovechó el acto de toma de posesión para presentarnos a su tía Rosa Mari. La única hermana de su padre que le queda y que el nuevo titular de Política Territorial y Función Pública quiso que no se perdiera el ascenso de un familiar a ministro después de que los Iceta, dijo, ya hubieran facilitado un seleccionador nacional de fútbol. 

La opción federal

Está en las hemerotecas que Luis Iceta Zubiaur, su tío abuelo, fue jugador del Athlétic durante siete temporadas (1910/1916), que inauguró San Mamés y que debutó con victoria (2-0) frente al Real Madrid. Detalle que los susceptibles centralistas españoles podrían interpretar como una señal de preocupación ante la política que se avecina. Una opción por la España federal que los socialistas siempre defienden, pero nunca despejan. Y como tampoco avanzan, no rematan. Quizá por esto, el que fue coentrenador de la selección española de fútbol en 1951 solo duró tres encuentros. Balance total de su vida deportiva: 41 partidos, 8 títulos, 6 goles.

Nada espectacular para el deporte que se ha convertido en industria en crisis. Quizá el paralelismo podría establecerse entre la rudeza del fútbol de entonces y la virulencia de la política actual. Una selva siempre al acecho donde la supervivencia es una heroicidad y la resistencia una victoria. Miquel Iceta lo sabe bien. Lo aprendió ejerciendo de fontanero en la Moncloa en tiempos de Narcís Serra y Felipe González, lo practicó como diputado tanto en Madrid como en Barcelona y lo depuró como dirigente de un partido que sabe de almas, pugnas, crisis, divisiones, revisiones y resurrecciones. Nada nuevo en una izquierda donde el principal enemigo es el compañero, porque el puño es la amenaza y la rosa, la herida.

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Buen driblador de los ataques ajenos, inductor de las mejores tácticas, Miquel Iceta sabe el pan que se da, porque él también lo ha repartido. Eso sí, con cínica empatía, ágil reacción, dúctil compostura, brillante dialéctica y gracia innata. Camiseta que esconde rígida defensa, hábil negociación, capacidad de observación, crítica maléfica y verbo envenenado. Ahora, como ministro 4 C - cooperación, colaboración, coordinación y cogobernanza– podrá comprobar si su quehacer diario de relación permanente con 17 autonomías le permite ejercer su catalanidad y mantener a Queen como banda sonora de su actividad. Y ya que le sugerirán no bailar en las tarimas, queda por ver si podrá ser fiel a la letra de Freddy Mercury cuando en su arrebato insistía: 'Don’t stop me now'/'No me detengas'.