1
Se lee en minutos
Las salas de cine de CInesa Diagonal de Barcelona, cerradas.

Las salas de cine de CInesa Diagonal de Barcelona, cerradas. / Ferran Nadeu

Hay muchas causas que confluyen en el fenómeno ciertamente dramático del cierre de alrededor de un 70-75% de las salas de exhibición en España, con un descenso de los espectadores y la recaudación que también ronda este mismo porcentaje. A los efectos devastadores del primer confinamiento y de la segunda ola, en octubre, se añaden –en un enero más aciago aún– la reducción actual del aforo, las restricciones de movilidad perimetrales y un cierto retraimiento del consumidor, sin olvidar, por supuesto, como dato fundamental, la falta de estrenos o la reprogramación repentina de las 'majors' y la competencia de las plataformas digitales.

Las empresas más afectadas son las que basan el negocio en la proyección de películas de consumo mayoritario, un revulsivo semanal que se ha ido diluyendo en tiempos de pandemia, provocando propuestas imaginativas, como la programación de ciclos clásicos, mientras que otras, que se abastecen de productos minoritarios, consiguen superar con dificultades la situación. Conviene destacar que el cine sigue en pie, pero que el momento es crítico. Las principales cadenas de distribución y exhibición como Yelmo, Cinesa, OCine o Balañá, han anunciado cierres que, en principio, son temporales para evitar males mayores, como el aumento del paro en el sector o la acumulación de pérdidas, a la espera de una mejora sanitaria. Aun así, el fantasma de una crisis estructural, más allá de la coyuntura que vivimos, se cierne sobre los salas en todo el país.