ANÁLISIS

Vida en rosa con De Jong

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De Jong, agarrado por Comesaña.

De Jong, agarrado por Comesaña. / Javi Ferrandiz

El Barça de rosa de ayer -maldito márketing que pasa por encima de la tradición azulgrana y de la comodidad del telespectador- superó otra barrera con el resuello forzado, como viene acostumbrando, y la escopeta atascada mucho rato. Quizá no habría que hablar tanto de un Eric Garcia como de un Memphis Depay. Activó el gatillo y limpió el cañón la proyección de Alba, quien en cinco minutos dejó en evidencia a Junior Firpo.

El Barça de rosa se ahorró esta vez una prórroga y Koeman supo en Vallecas reaccionar con los reflejos que se esperan del entrenador. Los cambios fueron precisos, en particular la entrada de Alba, que va a sentirse merecidamente imprescindible a la vista de la competencia. 

Como lo es ya De Jong. Es definitivamente otro futbolista. Ha despegado. Debería ser el espejo para otros casos conflictivos de la plantilla, como Griezmann, del que ya nos hemos cansado de señalar su irrelevancia radical y permanente. El segundo futbolista mejor pagado de la plantilla, qué risa. 

Espíritu de superación

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Trincao y su ceguera cara a puerta llaman también la atención y le convierten en el nuevo Mascherano: expectantes en conocer cuándo será capaz de marcar un gol. El portugués, que costó 31 millones de euros aun en fase de promesa -de cuando en el Barça se ataban los perros con longanizas-, se le ve habilidoso y capaz, pero se intuye que carece de la armadura mental que distingue a los futbolistas buenos de los que triunfan. Con suerte va a ser cuestión de tiempo. Si no, otro más en el cementerio de los fichajes millonarios fallidos del régimen anterior. Por ahora los árbitros ni le creen cuando cae en el área.

Debería fijarse Trincao en De Jong y su espíritu de superación. El centrocampista marca el ritmo vibrante cuando este equipo se siente dinámico. Listo, ambicioso, tenaz... Ya convence. Vida en rosa con De Jong