Pendientes de la abstención

Mucho ruido y pocos debates serios

Nuestros políticos ya no saben qué hacer y decir para intentar manejar a su antojo a la opinión pública. Han perdido toda traza de pudor o de vergüenza

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Una mesa electoral en Lisboa, en las elecciones presidenciales de Portugal celebradas el domingo 24 de enero.

Una mesa electoral en Lisboa, en las elecciones presidenciales de Portugal celebradas el domingo 24 de enero. / ANTONIO COTRIM

"Illa tendría que dejar inmediatamente el Ministerio de Sanidad por su incapacidad manifiesta". "¿Cómo se atreve Illa a dejar el Ministerio de Sanidad en plena crisis del covid?". Estas dos ideas contradictorias son un simple ejemplo del bombardeo al que estamos siendo sometidos. Unas mismas formaciones han repetido cínica e incansablemente los dos mensajes, uno después del otro. Es una muestra de lo que están sufriendo los ciudadanos, cada vez más enloquecidos y desorientados por la falta de seriedad con que les tratan. Pero los enloquecidos de verdad son muchos de nuestros políticos, que ya no saben qué hacer y decir para intentar manejar a su antojo a la opinión pública. Todo vale, que vienen elecciones y están sus sillas y sueldos en juego. Han perdido toda traza de pudor o de vergüenza.

¿Saben lo que más les preocupa ahora? El signo de las abstenciones. Previsiblemente habrá mucha menos participación que las en anteriores y viven dedicados a hacer cálculos para autoconvencerse de que quienes se quedarán en casa serán más bien los que no les votarían a ellos. Se dedican a esas especulaciones en vez de trabajar duro para ayudar a la participación; hasta ahora no han organizado que se pueda ir legalmente a recoger el voto a los enfermos y a los que simplemente tienen miedo a salir a la calle el día electoral.

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Como no es culpa del Gobierno de Sánchez se debate poco sobre si la escasez de vacunas se debe a problemas de fabricación o al mercado negro internacional (que existe, seguro, como existen las corrupciones que aquí ya se van desvelando) o a que algunas se desvían hacia países pobres. O sobre cómo se intervendrá seriamente la sanidad privada allí donde esté saturada la pública. El nivel de discusión es tan pobre que incluso se ningunea la importancia democrática de votar para que tengamos un Parlament más actualizado (tras la pérdida de tiempo que empezó con Quim Torra) por la vía de comparar el no dejar salir a cenar con el poder ir a los colegios electorales. Este país es muy de segunda división.