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Combatir el presentismo, también el digital

Es necesaria mucha formación en desconexión digital, en gestión del tiempo y el estrés

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Imagen de archivo de una persona teletrabajando

Imagen de archivo de una persona teletrabajando / El Periódico

En el Estado español, la cultura presencial hizo estragos. Largas jornadas laborales, a menudo más en allá de los horarios establecidos, delante del ordenador con el pensamiento que más tiempo era sinónimo de mayor rendimiento y productividad. Grave error. Una cultura que no espoleaba el trabajo por objetivos, ni la creatividad, que no empodera a las personas para convertirse en una parte fundamental de aquella organización o empresa.

Es la diferencia entre dar importancia al tiempo de trabajo de una persona o la persona en sí. Si la elección es la persona, el vínculo con la organización será más fuerte, su gestión del tiempo más óptima, quedará más motivada, rendirá más y será más productiva que una persona supeditada a cumplir sí o sí una jornada laboral sobrecargada de tiempo efectivo de trabajo. Entre otras razones porque no podemos engañar a nuestro ritmo circadiano (el reloj biológico).

Como tampoco debemos supeditar el conjunto de nuestros usos del tiempo (en lo personal, familiar, cultural, de ocio, asociativo...) en beneficio únicamente del tiempo de trabajo. Es necesario conciliar de forma equilibrada y saludable.

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Con el estallido de la respuesta digital en tiempo de la covid-19 la superación de estas jornadas maratonianas es posible, pero los riesgos de su cronificación también. En esta adaptación cultural podemos caer en incorporar en lo digital los peores malos hábitos del presentismo de siempre. El presentismo digital es un riesgo que hay que combatir

Por ejemplo, uno de riesgos del teletrabajo es trasladar esta hiperconectividad en las casas, desdibujando horarios establecidos, malinterpretando lo que significa conciliación familiar, cronificando aún más la discriminación que sufren las mujeres en la imperdonable sobrecarga de trabajo doméstico y de cuidado de niños.

Por ello, es esencial trabajarlo preventivamente. Con mucha formación en desconexión digital, en gestión del tiempo y el estrés; en implantación de técnicas y buenas prácticas para el conjunto de las trabajadoras y trabajadores que ayuden a mejorar su bienestar tanto físicamente en el centro de trabajo como en casa y finalmente sería necesario que fuéramos más exigentes con la actual legislación, que reconoce el derecho a la desconexión digital pero que en la práctica no se ejerce al no haber otros mecanismos más coercitivos por su cumplimiento.

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Una organización que dé valor a respetar tiempo de trabajo y tiempo de descanso se ayudará a sí misma (productividad, reducción del absentismo, 'employer branding') y ayudará a sus trabajadoras y trabajadores (calidad de vida en un mejor equilibrio de los usos del tiempo, menos estrés y mejora de la calidad del sueño).

La digitalización nos ofrece oportunidades y riesgos para las organizaciones y empresas en relación a los usos del tiempo. De nosotros depende elegir el camino correcto.