Pros y contras

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Miguel Ángel Villarroya, jefe de Estado Mayor, en una comparecencia del mes de marzo pasado.

Miguel Ángel Villarroya, jefe de Estado Mayor, en una comparecencia del mes de marzo pasado. / EFE / MONCLOA

Un corte rápido y probablemente doloroso. Fernando Grande-Marlaska, ministro de Interior, destituyó de forma fulminante al teniente general de la Guardia Civil que actúa de enlace con el Mando de Operaciones militar, mientras que el Jefe de Estado Mayor de la Defensa dimitió. Ambos caídos por vacunarse contra el covid. No son los únicos que han burlado el protocolo de aplicación y se han colado en la lista. Sálvese quien pueda. O las ratas son las primeras en abandonar el barco. En algunos casos, ha dominado la picaresca. En otros, como los dos citados, una concepción incomestible de los privilegios del poder.

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La noticia de la baja de ambos personajes muestra dos caras. Por un lado, la constancia de que, aún hoy, en ciertos estamentos militares perdura una concepción aislada e inviolable del cuerpo, como si pudieran actuar al margen del resto de la sociedad. Ensimismamiento, privilegios y poder militar, mala combinación. Pero la otra cara es la contundencia con la que se ha actuado. Margarita Robles a remolque de Grande-Marlaska, cierto, pero ha aceptado la dimisión. El caso es algo más que una anécdota, es una lección de democracia.