Oriente Próximo

La invisibilización sin freno de los palestinos

Hace una década era imposible abordar cualquier tema de la agenda árabo-musulmana sin que el debate derivara hacia la cuestión palestina; hoy, sin embargo, ha desaparecido

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Ciudadanos palestinos caminan frente al Consejo Legislativo de Gaza.

Ciudadanos palestinos caminan frente al Consejo Legislativo de Gaza. / AFP

El contraste es muy llamativo, por no decir escandaloso. Hace tan solo una década era prácticamente imposible abordar cualquier tema de la agenda árabo-musulmana sin que, de inmediato, el debate no derivara hacia la cuestión palestina. Hoy, sin embargo, ocurre precisamente todo lo contrario: el tema palestino sencillamente ha desaparecido. Y la razón, desde luego, no es que finalmente hayan logrado su sueño político de contar con un Estado propio o que, por el contrario, hayan sido eliminados de la faz de la Tierra. Sencillamente ocurre que están siendo sometidos a un explícito ostracismo a varias bandas.

Los datos no dejan duda alguna. Hoy son más que nunca; en torno a 13,4 millones (nueve veces más que los que sufrieron la Nakba en 1948), de los que más de la mitad viven en la Palestina histórica. Si en Gaza ya rondan los 2 millones y en Cisjordania se hacinan prácticamente otros 3, todavía hay que sumar los 1,9 millones de árabes israelís, convertidos en ciudadanos de segunda en pleno Israel. O, lo que es lo mismo, superan en 0,2 millones a los 6,8 millones de judíos israelís que habitan entre el río Jordán y el Mediterráneo. Pero, a pesar de esa incuestionable realidad, el hecho es que:

- Como refugiados, los más de 5,6 millones registrados por la UNRWA se encuentran al borde del colapso como resultado de una estrategia deliberada liderada al unísono entre Washington y Tel Aviv para reformular el concepto. La pretensión, junto al ahogo económico de la Agencia hasta impedirle la provisión de sus servicios más básicos, es reservar la categoría de refugiada exclusivamente a las personas que queden vivas de aquella época. De ese modo se pretende diluir cualquier reclamación sobre el derecho de retorno y sobre perjuicios causados.

- Como población ocupada, Israel controla a su antojo el ritmo de la vida social, política, económica y de seguridad de los palestinos, sin sentirse comprometido con sus obligaciones como potencia ocupante (la actual campaña de vacunación contra la pandemia, dejando de lado a los palestinos, es un simple ejemplo más de su desprecio por las obligaciones contraídas y de su grado de impunidad internacional). La sensación de abandono se acrecienta ante el rendimiento de una Autoridad Nacional Palestina cada vez menos representativa.

Resulta fuera delugar suponer que la llegada de Joe Biden va a revertir el proceso

- Como minoría internamente despreciada, los árabes israelís saben que no cuentan en la dirección de los asuntos públicos, a pesar de conformar la tercera fuerza parlamentaria. En el actual contexto preelectoral no cabe esperar en modo alguno que sus demandas vayan a ser mejor atendidas, mientras el electorado sigue cada vez más sesgado hacia posiciones ultranacionalistas.

- Como parte del amplio mundo árabo-musulmán hace tiempo ya que han podido comprobar que el respaldo a su causa apenas ha ido más allá de reiteradas y rimbombantes proclamas, muy escasamente seguidas de hechos. Y si eso ya era una obviedad difícil de ocultar cada vez que algún gobernante se dejaba engatusar por alguna “oferta” israelí o estadounidense, la actual carrera de normalización de relaciones con Israel termina por agotar toda esperanza.

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Llegados a este punto resulta tan fuera de lugar suponer que la llegada de Joe Biden va a revertir el proceso por ensalmo -lo que presupondría una intención justiciera que no se basa en realidad alguna-, como creer que haya alguien más dispuesto a jugársela por los palestinos contra viento y marea. Los hechos se imponen: están solos y a punto de agotar sus escasísimas fuerzas para lograr sus objetivos.