EDITORIAL

Más mujeres en la ciencia

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El Periódico

Más mujeres en la ciencia

FERRAN NADEU

Durante las últimas semanas, la campaña ‘No more Matildas’ ha planteado el interrogante: ¿Cómo hubiera sido la historia de Albert Einstein, Alexander Fleming o Erwin Schrödinger si hubiesen nacido mujeres? Si atendemos a lo ocurrido a las mujeres científicas en la historia, nos hallaríamos ante un relato de silencio e invisibilidad. Y la teoría de la relatividad, la penicilina y la mecánica cuántica estarían asociadas a otro nombre. Un nombre masculino. Estos casos forman parte del pasado, pero las mujeres aún se enfrentan a unas especiales dificultades en el mundo de la ciencia. Un presente de discriminación que dibujará el futuro.

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Las mujeres ya no tienen vetada la entrada a las universidades, pero su presencia en carreras científicas sigue siendo notoriamente inferior a la de los hombres. También su vida profesional se ve lastrada por los condicionantes de exigencia y continuidad. El embarazo y la conciliación familiar continúan siendo un lastre para su proyección. En el fondo del problema: la poca atracción que las jóvenes tienen por la ciencia. Un desinterés que se gesta en la infancia, provocado por un sinfín de mensajes que las lleva a creer que no son lo suficientemente buenas para las ciencias. Ya no existe la prohibición de acceso a los estudios científicos, las restricciones son más íntimas, más personales.

La campaña ‘No more Matildas’, impulsada por la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT), ha puesto el acento en rescatar las historias de algunas científicas invisibilizadas. Mujeres que realizaron o contribuyeron al desarrollo de importantes hallazgos, pero que se vieron expulsadas de los focos. En algunos casos, sus nombres fueron tachados y sustituidos por los de algún colega hombre. La recuperación de esa memoria no es solo una cuestión de justicia, es imprescindible para que las niñas tengan referentes, para que sepan que ellas también tienen un lugar en ese campo. Importante para su futuro, para el de toda la sociedad. 

En la España de los años 80, las mujeres representaban más de un 30% del alumnado de ingeniería informática. Hoy no llega al 15%. En matemáticas, el porcentaje femenino también ha ido disminuyendo desde el 2000. Teniendo en cuenta la relevancia de estas carreras en la configuración del mundo del futuro es obligado hacer sonar las alarmas. La implicación y visión femenina es imprescindible. Por defensa de la igualdad, también por los valores y los enfoques que ellas aportan. 

¿Qué ocurre cuando las mujeres no tienen una presencia importante en la investigación científica? La historia de la medicina nos da la respuesta. Ahora se conocen fallos en el diagnóstico del infarto en las mujeres o impactos desconocidos en la administración de fármacos, también lagunas de conocimiento en enfermedades tan comunes como la endometriosis. La exclusión del sexo como variable en la investigación científica se halla en el fondo del problema. Si ampliamos el foco, la falta de mujeres en el desarrollo tecnológico del futuro dibujaría un mundo incompleto. No solo por el desequilibrio social. Si tenemos en cuenta que ellas aportan un especial compromiso por el interés común, nos jugamos la construcción de un mundo mejor.