Elecciones catalanas

La decisión de ERC

Con el fin de prever quién, entre Esquerra, el PSC y JxCat, cuenta con más posibilidades, tan solo hay que fijarse en dos factores: en segundo lugar, quién llega primero, y en primero, quién estará en disposición de encabezar una mayoría

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Pere Aragonès firma el decreto que deja sin efecto la convocatoria de elecciones del 14 de febrero.

Pere Aragonès firma el decreto que deja sin efecto la convocatoria de elecciones del 14 de febrero. / ACN / PRESIDENCIA / RUBÉN MORENO

Hay que distinguir, en medio de tanta incertidumbre, entre la fantasía y los escenarios posibles. Ejemplo de fantasía es el anuncio, que algunos fanáticos de las redes consideran como certeza, de un Govern de la Generalitat formado por el terceto Illa, Albiach y Carrizosa. Ni que sumáramos el PP obtendría, no la mayoría necesaria, sino más votos a favor que en contra. De ninguna manera. Como tampoco es seguro, aunque sea bien posible, un nuevo tripartito de izquierdas. Sean cuando sean las malditas por la pandemia elecciones, habrá tres actores protagonistas y tres más de secundarios. Los principales, ERC, JxCat y PSC, en el orden que cada uno prefiera. De ahí surgirá el ‘president’ de la Generalitat, que tendrá un peso determinante y marcará el tono de la legislatura. O será Pere Aragonès, o Laura Borràs (y en todo caso, si es inhabilitada, Joan Canadell) o Salvador Illa. Con el fin de prever quién cuenta con más posibilidades, tan solo hay que fijarse en dos factores: en segundo lugar, quién llega primero, y en primero, quién estará en disposición de encabezar una mayoría.

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Como no sabemos cuál de los tres partidos ganará, es obligado contemplar tres panoramas diferentes. Empezamos por una nueva victoria de Puigdemont, una vez más imprevista y aborrecida por todos los demás, con ERC en segundo lugar. En este caso, la decisión de ERC consistiría en repetir una coalición como la actual, con Aragonès como ‘vicepresident’, o bien optar por el tripartito pero con la particularidad nada despreciable de conseguir, por fin, la presidencia de la Generalitat. Siempre podrán insistir en la fórmula ERC más JxCat más Comuns, más CUP si quieren, pero como esta combinación está descartada por el veto inamovible de los Comuns a JxCat, la excusa será que autoexcluyen. Quedarían ERC, Comuns y CUP, con una Dolors Sabater dispuesta de antemano a formar parte del Ejecutivo. En este escenario, el PSC podría dar su apoyo desde fuera, como en Euskadi, y marcar así, arrinconada la retórica de la inminencia independentista, los límites de las políticas de izquierdas.

El todo o nada

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Supongamos ahora que, a pesar del aplazamiento y la pérdida del factor sorpresa que conlleva, se cumple el sondeo de EL PERIÓDICO y Salvador Illa llega primero, seguido de cerca en el podio por ERC y JxCat. Ahora, Junqueras y Aragonès deberían decidir entre hacer presidente a un socialista por tercera vez (Maragall, Montilla, Illa) o reeditar el pacto con JxCat con las tornas cambiadas y, una vez más, el premio gordo de la presidencia. Ni hay que reiterar que, para ERC, la presidencia es el todo o nada. Más difícil lo tendrá Aragonès si gana y JxCat queda segunda, a poca distancia, con un PSC algo más alejado. Difícil, no para ser investido sino por los compañeros de viaje. Antes de optar por el nuevo tripartito deberá descartar la oferta de Puigdemont y sufrir el oprobio de enviar a la oposición a los compañeros de viaje hacia la independencia. Claro está que las angustias de este escenario no serían nada comparadas con la desilusión de quedar en tercer lugar, algo poco probable pero tampoco imposible. En este último y extremo caso, un muy humillado Junqueras podría verse obligado a reconocer su fracaso y someter a ERC a los designios de Puigdemont.

Se equivocan pues los que dan por hecho un nuevo tripartito de izquierdas como única o casi única posibilidad. Desde 1995, la estrategia de ERC se ha basado en la consecución de la hegemonía en la política catalana, y esto solo se consigue presidiendo la Generalitat. Si con unos socios u otros no dependerá tanto de las preferencias de sus dirigentes como de los resultados.