Sondeos

Esquerra encallada

Con su ambigüedad, Aragonès ni seduce a las bases de ERC ni convence a los constitucionalistas resignados a que la mayoría independentista gobierne con eficacia

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Pere Aragonès.

Pere Aragonès. / David Zorrakino / Europa Press

ERC vuelve a bajar en los sondeos. Parece que a la hora de la verdad parte de sus heterogéneos electores potenciales vuelve a dar un paso atrás, como otras veces. Han estado mucho tiempo respondiendo en las encuestas que pensaban apostar por el independentismo realista y a medio o largo plazo que actualmente predican sus líderes, pero estos son poco convincentes y no saben explicar cómo se desmarcarán del puigdemonismo radical y provocador. Resultan blanditos. Aragonès, por ejemplo, es la primera autoridad de Catalunya pero nadie cree que ni siquiera mande sobre los 'consellers'. Tras un Quim Torra despreciado porque no gobernó, Aragonès rechazó ser --ni siquiera provisionalmente-- un presidente-guía para este tiempo de apocalipsis sanitario y en plena encrucijada política llena de carteles indicadores que apuntan hacia direcciones contradictorias. Unas veces habla como quieren oírle las bases de ERC más radicalizadas pero otras actúa pareciendo querer ganarse el respeto de hasta quienes no son 'indepes'. Con esa ambigüedad ni seduce a los electores que continúan soñando para ahora y aquí en Ítaca ni convence a los constitucionalistas resignados a que la mayoría independentista gobierne durante una etapa con eficacia, de verdad y para todos.

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ERC genera otros problemas de percepción en el mercado del voto antiespañol. Junqueras, que en su día azuzó la radicalidad y las urgencias del atolondrado Puigdemont, desde la cárcel ha irradiado después el mensaje de que fue una triple falacia confiar en que tanto los catalanes discrepantes como los demás españoles se dejarían hacer sin más, y que Europa podría simpatizar con las deslealtades a la Constitución y el Estatut. Pero no habla claro, predica pero no concreta cuál es el camino para avanzar sin romper vajillas. Eso multiplica la sospecha de que busca que ERC sea hasta la hora de la verdad una Convergència sin corrupciones. Pero lo abstracto emociona poco a las bases de ERC. Los 'indepes' están cansados de la fórmula autonómica y Puigdemont por lo menos les promete aventuras. Si ERC no se atreve a explicar sin titubeos que Catalunya necesita líderes realistas que de momento mejoren el país sus votantes potenciales flaquean cada vez que llegan unas elecciones.