Pros y contras

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Salvador Illa y Pere Aragonès.

Salvador Illa y Pere Aragonès. / Quique Garcia / Efe

Es cierto, no podían celebrarse las elecciones en Catalunya. No le demos más vueltas. No tratemos de compararnos con Portugal, Rusia, Polonia, República Dominicana, Corea del Sur, Estados Unidos y tantos otros países del mundo que han hecho o van a celebrar elecciones próximamente. ¿Cómo vamos a estar a su altura? Instrucciones y precauciones claras y organización al milímetro, esa debería ser la clave. Imposible.

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No, no podemos. Porque aquí se cierran librerías los fines de semana (ya se sabe, peligrosos lugares de concentración de masas), pero se tarda 40 horas en desalojar una ‘rave’ ilegal. Porque, en medio de un trágico descontrol en las residencias de mayores, se quiso transmitir el mensaje de que moríamos por culpa de Madrid. Porque hace años que jugueteamos con el “mandato de las urnas” y confundimos el propio sentido de la democracia. Porque llegamos tarde, y mal, a casi todo. Y, definitivamente no, no podíamos, porque los partidos del Govern saben que deben configurarse otro traje y aún no encuentran la hechura apropiada. La superioridad moral exhibida hasta ahora ya no les sirve, y Salvador Illa ha ganado el primer asalto.