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Empachados

Iñaki Gabilondo ha decidido abandonar su análisis diario de la actualidad política porque está harto y asqueado; y no es el único

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El periodista Iñaki Gabilondo.

El periodista Iñaki Gabilondo. / EFE / NACHO GALLEGO

Es posible que le hayan pesado sus 78 años, ha hecho tantas cosas que ya no le caben medallas en la pechera, no descarto que quiera dedicar más tiempo a la lectura o la música clásica, pero la palabra que ha elegido para anunciar que se aleja de la cloaca ha sido 'empacho'. Y no parece una elección azarosa. Podríamos quedarnos en la primera definición del diccionario, “indisposición causada por comer en exceso”, pero mejor la segunda: “Cansancio o aburrimiento causados por algún exceso”. No tiene que ver forzosamente con la comida, aunque sí con el estómago. Iñaki Gabilondo ha decidido abandonar su análisis diario de la actualidad política porque está harto y asqueado; y no es el único.

Resulta imposible no sentir cansancio y aburrimiento ante la curva de la polarización que hace tiempo se ha enseñoreado del tablero político hasta contaminarlo prácticamente todo. Insultos, descalificaciones, peleas cainitas, eslóganes baratos, ocurrencias, fotos ridículas en Twitter... y cuanto más se atizan, más mediocres parecen. Y más ineficaces, que es lo peor.

Conste que esto no es una enmienda a la política, que continúa siendo imprescindible y a la que muchas personas se acercan con capacidades y vocación de servicio. No, es simplemente la constatación de que algunos ya no aguantamos más este espectáculo. Partidos convertidos en máquinas de discordia y propaganda; gobiernos que practican el escaqueo antes que asumir responsabilidades; líderes adictos a las encuestas.

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No hay debates, solo argumentarios y broncas; una tras otra. Puede ser por la pandemia, la vacuna, la nieve, el recibo de la luz, la fecha de las elecciones, una 'rave'... da igual, vale todo. Pero los grandes retos siguen aparcados en la cuneta; porque la desigualdad, la pobreza extrema, la transformación del sistema productivo, la educación, la agenda digital, el cambio climático o el modelo territorial aparecen en los discursos de unos y de otros, pero casi nunca encuentran puntos comunes. Cortocircuito y empacho. Cualquier médico sensato nos recetaría una temporada de ayuno. O la dieta de Iñaki.

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