Las relaciones entre Washington y Riad

Distensión en el golfo Pérsico

La derrota electoral de Trump parece haber calmado los ardores guerreros de los dirigentes saudís y reconducirlos a una política más pragmática para evitar un choque frontal con el futuro inquilino de la Casa Blanca, Joe Biden

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El príncipe Mohammed bin Salman saluda al emir de Catar, Tamim bin Hamad Al-Thani, a su llegada a la cumbre de países del Golfo este martes.

El príncipe Mohammed bin Salman saluda al emir de Catar, Tamim bin Hamad Al-Thani, a su llegada a la cumbre de países del Golfo este martes. / BANDAR AL-JALOUD (AFP)

La inminente salida de Donald Trump de la Casa Blanca está teniendo un efecto balsámico en las turbulentas aguas del golfo Pérsico. El levantamiento del bloqueo a Catar por parte de Arabia Saudí y sus aliados regionales debe contemplarse como un primer paso hacia la distensión después de una década de desencuentros que podría ser acompañada por un apaciguamiento de la guerra de Yemen. Este giro de 180 grados está estrechamente relacionado con la victoria electoral de Joe Biden, quien durante la campaña electoral se mostró a favor de revisar las relaciones bilaterales con Arabia Saudí para obligarle a reconducir su beligerante política exterior.

Durante su mandato presidencial, Trump benefició a Israel, golpeó a Irán y protegió a Arabia Saudí. El republicano mantuvo una plena sintonía con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu con el que concluyó el denominado "acuerdo del siglo", que recogía el grueso de las reivindicaciones del Likud para liquidar la cuestión palestina. En lo que respecta a las relaciones con Irán, el presidente norteamericano aplicó la doctrina de ‘máxima presión’ para intentar doblegar al régimen iraní con la imposición de sanciones económicas. Trump también concedió un cheque en blanco al príncipe heredero saudí Mohamed bin Salmán para tratar de contener la influencia regional iraní mediante su intervención militar en Yemen, lo que acentuó una catástrofe humanitaria que se ha cobrado ya 235.000 vidas. 

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Curiosamente, la presidencia de Trump se cerrará con la resolución de una de las crisis que él mismo contribuyó a crear. Su primera visita al exterior la realizó a Arabia Saudí, donde dio la luz verde al aislamiento regional de Catar, a pesar de que el país alberga el cuartel general del Mando Central norteamericano que cuenta con 10.000 efectivos. Dos semanas después de su visita, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Egipto impusieron un férreo bloqueo por tierra, mar y aire al pequeño emirato árabe al que acusaron de interferir en sus asuntos domésticos, financiar a grupos terroristas y tener unas relaciones excesivamente fluidas con Irán, la bestia negra de Israel y Arabia. Esta decisión partió en dos al Consejo de Cooperación del Golfo y fue contestada tanto por Kuwait como por Omán, que desde entonces han mediado para tratar de calmar las tensiones. 

La derrota electoral de Trump parece haber calmado los ardores guerreros de los dirigentes saudís y reconducirlos a una política más pragmática para evitar un choque frontal con el futuro inquilino de la Casa Blanca. En la última cumbre del Consejo de Cooperación del Golfo, Arabia Saudí, Emiratos y Bahréin se comprometieron a levantar el bloqueo sobre Catar, sin que el pequeño emirato haya cumplido ninguna de las condiciones impuestas en su momento por sus vecinos, entre ellas el cierre del canal panárabe Al Jazeera, la interrupción de sus relaciones con Irán o la ruptura de lazos con los Hermanos Musulmanes. Al contrario de lo pronosticado, Catar ha salido fortalecido de la crisis al ser reconocido por sus rivales como un actor plenamente autónomo y haber logrado diversificar sus alianzas regionales.

Con el levantamiento del bloqueo sobre Catar, Riad busca prevenir el deterioro de las relaciones con Washington y salvaguardar la controvertida figura de Mohamed bin Salmán

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El levantamiento del bloqueo sobre Catar debe contemplarse como un movimiento preventivo orientado a prevenir el deterioro de las relaciones bilaterales entre Washington y Riad y salvaguardar la controvertida figura de Mohamed bin Salmán. Joe Biden, al contrario que Arabia Saudí, es partidario de levantar las sanciones a Irán y recuperar el acuerdo nuclear para estabilizar el golfo Pérsico. Además, el presidente electo se ha mostrado crítico con el aventurismo militar del príncipe heredero (que también ejerce como ministro de Defensa) y, en particular, con su intervención en Yemen, que se ha saldado con un estrepitoso fracaso. 

Lo anteriormente dicho parece indicar que la luna de miel entre Washington y Riad vivida durante el mandato de Trump está llegando a su fin y se abre una fase de mayores tensiones entre ambos países similar a la experimentada durante la presidencia de Obama. Biden ha condicionado la perduración de la alianza con Arabia Saudí a que no solo levante el bloqueo a Catar, sino que también ponga fin a su desastrosa intervención en Yemen.