Editorial

Las librerías, resistiendo pese a todo

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El Periódico

La librería Taifa de Barcelona, el pasado noviembre.

La librería Taifa de Barcelona, el pasado noviembre. / SERGI CONESA

Superados los años más duros para el sector editorial, la lenta recuperación en los últimos años de la compra de libros había ido acompañado de vaivenes de mercado aparentemente contradictorios: cierre de algunas grandes librerías, o de otras con problemas de recambio generacional, absorción de las ventas por las plataformas de comercio electrónico y un goteo de apertura de pequeñas librerías con varias características comunes. Atención por la producción editorial independiente, impulso de actividades culturales o de difusión literaria y cobertura del territorio, llenando vacíos en barrios y ciudades.

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Aunque este auge tenga también aspectos con una doble cara: la llegada de iniciativas con marchamo de mecenazgo, o los microproyectos planteados como alternativa de empleo por trabajadores del sector son, en parte, también síntomas de una situación cuanto menos complicada. El mazazo experimentado por la pandemia no ha truncado esta tendencia: es más, el hecho de que se esté consolidando un tejido de librerías que actúan como centros de cultura de proximidad, así como que en determinadas fases las librerías pudieran abrir sus puertas antes, o con menos restricciones, que otros equipamientos culturales, las ha hecho salir relativamente bien paradas. Tras haber defendido dignamente su papel en el acceso a un bien esencial como la cultura, las restricciones actualmente vigentes resultan de difícil comprensión.