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Iñaki se libera

Que Gabilondo haya decidido dejar de comentar la actualidad en la SER es doblemente significativo, y perturbador

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Iñaki Gabilondo.

Iñaki Gabilondo. / JOAN CORTADELLAS

La semana empezaba con una despedida. Mal asunto. Cuando un hola se convierte en un adiós, poco bueno se puede esperar de lo que se avecina.

Que Iñaki Gabilondo Pujol (San Sebastián, 19/10/1942) haya decidido dejar de comentar la actualidad en la SER, como venía haciendo desde un pretérito ya indefinido para sus oyentes, es doblemente significativo. Y perturbador. Tanto para el periodismo como para todo aquello que se sirve de esta profesión con el fin de alcanzar su actual objetivo: que la ciudadanía sepa ya no qué ocurre, sino cómo y más concretamente por qué sucede. En palabras mucho más sencillas, contarle a la gente aquello que le pasa a la gente, que es como Eugenio Scalfaro definió el trabajo que tantos sabores agridulces produce a quienes intentamos digerirlo.  

Son hoy tantas las vías para acceder directamente a los hechos, es tanta la acumulación de impactos, que para protegerse de la sobredosis una parte de los destinatarios de la información se han instalado en la burbuja de su conveniencia. Aquella en la que solo entra lo que consideran afín y creen apropiado. Lo que no obliga a pensar demasiado, ni sobre todo a dudar, no fuera que tuvieran que cambiar de criterio y tener que decidir, con lo cómodo que resulta que esta ardua tarea llegue libre de errores propios del riesgo. Otra herencia que Donald Trump deja a sus seguidores y émulos a pesar del tardío lavado de manos de los responsables de las redes sobre las que construyó su revolución. Y de aquellas iniciativas, el contagio mundial de una falaz manera de seducir sin intermediarios, haciendo creer que el mensaje directo, por ser limpio es inmaculado.

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Por eso dice Iñaki que ahora hay mucha gente que tiene opinión incluso sin necesidad de información. Actualización de una frase de Josep Pla, según la cual como es más difícil describir que opinar, todo el mundo opina. Y como a Gabilondo lo que le ha convertido en referente es su capacidad de explicar, ante un paisaje de extremos que provoca oídos sordos, “meterse en medio de la polarización y la radicalidad a través de un comentario diario obliga a entrar en el centro de la disputa, de la bronca”. Con lo cual, su incomodidad ha ido creciendo hasta empacharlo. Y no es extraño, porque la cansina cotidianidad de este país está excesivamente marcada por las cosas de la política y no por la política de las cosas, como le gusta distinguir a quien contribuyó a darle a la SER cinco millones de oyentes. Fue su época dorada conseguida a golpe de esfuerzo, valor, inteligencia y reflexión. La que afinó cuando el poder le pretendía contra las cuerdas en tiempos de un Aznar que “supo sacar lo peor que hay en mí”, según se explayó después. Y le sobrevivió, como a todos los presidentes hasta Pedro Sánchez. Este, le mandó un agradecimiento público por toda su trayectoria. Seguramente lo hizo aliviado. A partir de ahora se evitará algún reproche que a través de la mirada lúcida de Iñaki siempre suelen ser indigestos, porque están basados en la honestidad de comprender antes aquello que se va a explicar a los oyentes después. Y al no ser fácil, suele ser certero.

Querido Iñaki, como dejó cantado Chavela Vargas, cuántas luces dejaste encendidas, yo no sé cómo voy a apagarlas. Que te vaya bonito.