Consecuencias del populismo

Cuando se filtra

Si los líderes son irresponsables, machistas, maleducados, groseros y déspotas, este odio, esta violencia, esta furia entra en nuestras casas

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Donald Trump, en Washington.

Donald Trump, en Washington. / Archivo

Imposible no buscar las similitudes entre la serie de ficción 'Years and years' y la ocupación de los 'patriots' de Donald Trump en el Capitolio. La desafección política puede generar monstruos: poderosos que utilizan sus altavoces para confundir y alimentar a sus seguidores, debates simplificados para generar confusión y desinformación, deshumanizar tu adversario para que en el momento que sea necesario no te sepa mal actuar, creer que tu verdad te legitima y justifica a hacer cualquier cosa ... El populismo institucionalizado se alimenta de nuestra disconformidad, nuestra insatisfacción: la respuesta y la solución que nos ofrece no apaciguará ninguna de nuestras demandas, pero nos servirá para descargar nuestra furia . No es poco, en un momento de caos y desesperación. Esto es lo que ofrecen los líderes como Trump todo el mundo: si estás insatisfecho, si crees que lo que te ha tocado vivir es una injusticia, si estás harto, soy tu hombre.

Cuando desde los medios de comunicación y las redes sociales los poderosos envían mensajes incendiarios saben bien lo que hacen: invitan a la gente a actuar como ellos. Meryl Streep lo explicó maravillosamente bien en un discurso: cuando los líderes son irresponsables, machistas, maleducados, groseros y déspotas, todo ello se filtra en la vida de la gente. Este odio, esta violencia, esta furia entra en nuestras casas, lo impregna todo, nos hace creer que lo que promueve es justo. Y nos invita a actuar de la misma forma.

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Donald Trump sabía perfectamente lo que hacía. Quienes lo menospreciaron y se rieron porque parecía una caricatura de un mal personaje cometieron un error. Subestimaron el poder que tenía. En todo el mundo -porque es un fenómeno global- les reímos las gracias a los ultras que campan por nuestras instituciones porque nos parecen ridículos y confiamos en que el miedo y la desinformación no ganarán. Pero la receta no es nueva, y siempre funciona en momentos de desencanto. Esta virulencia que se filtra en nuestras casas y en nuestra manera de convivir tarda mucho tiempo en desaparecer. Estamos en un punto de no retorno. La pandemia generará más desigualdades, más pobreza y más insatisfacción: depende de nosotros, de todos nosotros, que la intransigencia no sea la respuesta a todo.