Consumo audiovisual

2020, el año de la serie española del año

Con el 'streaming' hemos abrazado un sistema lleno de incógnitas, en el que el dato real de espectadores es un secreto mayor que el de la fórmula de la Coca-Cola

3
Se lee en minutos
Un fotograma de la serie ’Antidisturbios’

Un fotograma de la serie ’Antidisturbios’ / MOVISTAR +

En 2020 proliferaron las series españolas estrenadas en plataforma que recibieron el calificativo de «serie del año». El entusiasmo que acompañó a la ficción hecha aquí fue directamente proporcional a los chascarrillos que provocó en Twitter. La coletilla, de hecho, acabó empleándose con ironía tanto por el público como por la crítica. Todos los que formamos parte de la comunidad seriéfila tuitera estábamos sorprendidos por la generosidad de las alabanzas hacia un tipo de contenidos contra los que tradicionalmente ha habido un gran prejuicio.

Gran parte de esa pasión espontánea no siempre fue de la mano de la objetividad. Estuvo muy condicionada por los temas tratados, duros y controvertidos, y por la valentía de las propuestas. En cualquier caso, y sin entrar a valorar la calidad y la originalidad de las series envueltas en esta discusión, el entusiasmo tuvo su retorno. La conversación 'on line' llevó a todas estas ficciones a los titulares de la prensa, a las secciones de cultura de 'telediarios' y a las tertulias radiofónicas. El binomio polémica y popularidad en redes aumentó su interés. Y el interés fue la pasarela hacia un éxito aún mayor. Porque cuando tienes el titular «la serie del año» y a medio país hablando de ti, la maquinaria de prensa y márketing no solo sirve para el autobombo: también puede lograr convencer al público rezagado.

La cuestión es importante porque los éxitos que las plataformas de 'streaming' han acabado enarbolando en sus notas de prensa no tienen ni una sola cifra que dé un poco de contexto al fenómeno. Proliferan las expresiones relativas, que hablan de «la serie más vista del año» o «la serie más 'maratoneada'», pero sin ninguna referencia que permita al espectador hacerse una idea de su magnitud. Resulta cada vez más difícil saber cuánta verdad hay detrás de estos autoproclamados éxitos y cuánto de mera palabrería que únicamente trata de convencernos para que aflojemos el bolsillo. 

La medición de las audiencias, a pesar de sus puntos ciegos, nos ofrece una certeza: tras la cadena con mayor 'share' o el programa con más espectadores hay una confianza estadística

Los que recordamos la televisión analógica hemos construido una relación con la televisión basada en dos puntales básicos: una oferta más o menos abarcable y un sistema para darle contexto, para cuantificar esa popularidad y, por extensión, para guiar nuestros intereses. La medición de las audiencias, a pesar de sus puntos ciegos, nos ofrece una certeza: que tras la cadena con mayor 'share' o el programa con más millones de espectadores hay una confianza estadística, cierto rigor en los resultados y que todos los operadores involucrados aceptan esos resultados. Pero este sistema ha pasado a mejor vida con la consolidación de la televisión por Internet.

La multiplicación de alternativas de consumo y de soportes de acceso y la aparición de modelos económicos no basados en la publicidad han alimentado una comunidad de rebeldes ajenos a la medición de audiencias. Y no es una cuestión menor. El éxito es uno los principales argumentos empleados a la hora de seducir al cliente potencial. La validación de la mayoría, lo universalmente aceptado, nos permite elegir con mayor eficiencia. Y cuando un éxito está razonablemente constatado, consigue equilibrar las fuerzas de la autopromoción, evitando que caigamos en las redes del márketing o en las temibles fauces del algoritmo. 

Con el 'streaming' cada vez más instaurado en nuestro salones, hemos abrazado un sistema lleno de incógnitas, un terreno en el que el dato real de espectadores se ha convertido en un secreto mayor que el de la fórmula de la Coca-Cola. Hemos comprado una noción de éxito muchas veces manufacturado a través de campañas de promoción o del Big Data. Un éxito al servicio de los intereses comerciales de cada plataforma. 

Noticias relacionadas

El éxito nos rodea porque es útil. Ante un mercado que ha superado las leyes básicas de la oferta y la demanda, saturado de novedades que colapsan nuestros 'feeds' de noticias en redes, nuestros correos y hasta nuestro Whatsapp, «la mejor serie del año» es una manera fácil y rápida de conseguir esa visibilidad tan eficaz ante un espectador con una atención cada vez más esquiva y una fatiga de decisión cada vez más evidente. 

El éxito sigue ahí, aunque hace mucho tiempo que tan solo es un espejismo. 

Temas

Series