El peligro de las burbujas

Que no se atrofie tu empatía

Cuando nuestros círculos sociales se reducen, el 'nosotros' resurge con mucha fuerza y eso siempre va a cuenta de la separación de los 'otros'

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 Viandantes en una calle cubierta de nieve en Madrid  este sábado  La Comunidad de Madrid ha despertado este sabado cubierta con una espesa manta de nieve

Viandantes en una calle cubierta de nieve en Madrid este sábado La Comunidad de Madrid ha despertado este sabado cubierta con una espesa manta de nieve / BALLESTEROS

Lo que nos une como sociedad es precioso y frágil a la vez. La confianza se construye a fuego lento pero se rompe en un solo movimiento. La imperante distancia física y la organización de nuestra vida en la órbita de burbujas definidas y estables nos invita a habitar un paisaje homogéneo y redundante. Aunque nos empeñemos en vivir esta situación como transitoria, hay fracturas silenciosas que empiezan a penetrar nuestra experiencia ante lo ajeno, lo distinto, lo que no encaja con nuestra forma de ver el mundo. Al principio se nos hace confortable -qué bien ahorrarse la clásica discusión incómoda de Navidad al ser pocos-; cuando permanece corremos el riesgo de convencernos que nuestra verdad es la normal.Hace un año nuestros círculos sociales eran más amplios y nuestras casas estaban más abiertas. Decíamos que donde comen 6, comen 7 y ahora echamos precisas cuentas para todo. Si somos nuestras interacciones y cada vez tenemos menos, el resultado es que los vínculos estrechos se refuerzan, y el resto se debilitan. El 'nosotros' resurge con mucha fuerza y eso siempre va a cuenta de la separación de los 'otros'. Son malas noticias para la empatía y la tolerancia, y por ende para la cohesión social.

Al principio se nos hace confortable prescindir de la discusión incómoda, pero cuando este aislamiento permanece corremos el riesgo de convencernos que nuestra verdad es la normal

La verdadera distancia social crece cuando los cuerpos de circunstancias diversas dejan de compartir espacios, aunque sean fortuitos. Tomemos por ejemplo un vagón de metro un lunes en hora punta. Ya no encontraremos en él a quien ha podido montarse la oficina en casa. Tampoco viajará en ese vagón quien cuente con flexibilidad horaria, pues puede protegerse eligiendo otra franja para desplazarse. Tampoco hallaremos a quien elige ahora vehículo privado en lugar de transporte público. Sí se reunirán en cambio a todas las personas que comparten la falta de alternativas. Podemos hacer el ejercicio con los otros aspectos de espacios de nuestra vida, y veremos que ocurre lo mismo.Mark Manson escribía hace unos días acerca del Gran Filtro Social, en referencia a las brechas intergeneracionales que nos quedan como herencia del primer año de pandemia. Hay dos grupos que se dibujan como intocables entre sí y por los demás: jóvenes y personas mayores. Los primeros por temerarios, tildados de inconscientes por ausencia de percepción de riesgo; los segundos, por vulnerables. No cabe duda, es importante tomar las medidas necesarias para proteger y protegerse, pero es fundamental cuidar cómo se explican. Las etiquetas, los prejuicios y las simplificaciones nos permiten entendernos más rápido, pero no necesariamente mejor. Una cosa es la enfermedad, otra muy distinta son las construcciones sociales que se generan alrededor de ésta.

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Si sumamos un contexto de incertidumbre, crisis de múltiples aristas y el individualismo alimentado por el sistema capitalista en el que vivimos, todo apunta a la polarización y el sálvese quien pueda. Como dice Naomi Klein, es ahora el momento de hacer lo imposible para cambiar este mal guion. Y, añado yo, quedarnos sin la capacidad de tejer puentes entre verdades, es sin duda el peor final imaginable. La buena noticia es que nada está escrito. Acabamos de estrenar año, y llegamos con esperanza y ganas de pasar página. Seguro que en la lista de nuevos propósitos nos cabe alguno más. Escribe Arthur Brooks en el libro 'Love your enemies' que el menosprecio a lo opuesto es lo que puede hundir a un país entero. Las diferencias son un valor, pero arrojadas ideológicamente y cruzadas con las desigualdades, son la forma más silenciosa de minar la estructura social.Para este 2021 me propongo romper la comodidad del consenso. Quiero escapar del filtro social y activar la empatía con algo tan sencillo como conectar de vez en cuando con personas que he conocido por alguna casualidad fortuita y que son mi puerta de entrada a universos radicalmente distintos al mío. No coincidimos en valores, ni gustos, ni hábitos, pero mientras podamos hablarnos, escucharnos o leernos, estaremos evitando que la otredad pierda el rostro y se torne abstracta. Deshumanizar lo diferente nos atrofia la tolerancia, porque desde la distancia es mucho más fácil cimentar prejuicios que prestar atención.