Cultura y pandemia

La recuperación, por sectores

El comunicado de la Cambra del Llibre debería bastar para avergonzar hasta no salir de casa a los políticos que proclaman la cultura bien esencial para a continuación despreciarla

Se lee en minutos
La librería Jaimes de Barcelona, el pasado 21 de diciembre.

La librería Jaimes de Barcelona, el pasado 21 de diciembre. / ELISENDA PONS

Ya que de optimistas recalcitrantes van llenos los pozos de los fracasos, mejor que nos dedicáramos a escrutar el futuro sin rodeos, o sea a partir de los parámetros del presente.

Empecemos por las librerías y la burla de la Generalitat a la cultura cuando la declara bien esencial. El muy contundente comunicado de la Cambra del Llibre debería bastar para avergonzar hasta no salir de casa (no a dimitir, por supuesto, faltaría más) a los políticos que la proclaman para a continuación burlarse, despreciarla y traicionarla. Que todo vaya así no invalida la lucha para que la cultura se mantenga como un espacio donde la indecencia pública se sienta incómoda. En contrapartida, queridos lectores de libros aunque sean malos, es bueno saber que gran parte si no la mayoría de librerías catalanas disponen de web, de modo que no hace falta ser muy militante para adquirir más volúmenes en horas de prohibición arbitraria.

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

Te puede interesar

Prosigamos por la producción cinematográfica. Al contrario de músicos y profesionales de la danza, los del audiovisual rebosan de trabajo. No es solo el centro de Netflix en Terrassa; es el incremento universal de la demanda, la alianza entre la pandemia, las plataformas y la irrupción de las pantallas grandes en los domicilios. El mundo sufre una cierta decadencia del cine comercial, de sobra compensada por el lanzamiento de tantas series del máximo interés algunas de las cuales bordean la categoría de obra maestra. ¿La oportunidad para el sector en Catalunya se aprovecha lo suficiente? Existe talento, y mucho, pero habría que verter los máximos esfuerzos de la Administración en ayudas a proyectos, porque inversores ya no faltan.

Y acabamos por los espacios que liberará el implacable cierre definitivo de tantas salas de exhibición cinematográfica. Serán necesarios notables dosis de imaginación y nuevos formatos para llenar tantas como se pueda con actividad en vivo. El fenómeno de la irrupción del teatro en salas de cine no ha tocado techo, pero tiene unos límites que podrían atravesarse con propuestas innovadoras y participativas que nos saquen del marasmo.

Temas

Cine