Historia de un invento

Lecciones plásticas de la pareja Tupper y Wise

Hace 70 años, Brownie Wise ayudó a convertir el táper en un producto de éxito con un revolucionario sistema de venta directa

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El personaje de Ada Colau en ’Polònia’ con un táper, en una imagen de archivo.

El personaje de Ada Colau en ’Polònia’ con un táper, en una imagen de archivo.

Fue una pareja fascinante y triunfadora, en lo comercial. Pero su idilio millonario duró apenas siete años. Su ruptura supuso el final de sus respectivas carreras, pero el “hijo” producto de su unión sigue dándonos servicio. Earl Tupper fue el típico emprendedor americano de manual, convencido de que la perseverancia tiene recompensa: “Los frutos de la vida caen en manos de quienes trepan al árbol y los recogen” –aunque a menudo los recogen otros–. Y como marca la tradición, primero se arruinó varias veces.

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Entonces se interesó, como ingeniero, en un nuevo material que florecía por entonces, el plástico. En 1938, justo el año de la invención del teflón y el nylon, creó Tupper Plastics Company. Cuando acabó la segunda guerra mundial, pensó en cómo aprovechar el excedente de ese material para uso civil –un clásico de lo militar, el excedente de celulosa dio lugar al clínex y las compresas–. Compró unas máquinas de saldo, el desecho de producción del polietileno, y consiguió depurarlo hasta obtener un material higiénico, resistente, transparente y sin olor. En 1946, hace 75 años, lanzó una serie de contenedores con un innovador sistema de cierre hermético que permitía mantener la comida más tiempo. Se inspiraba en los botes de pintura, y el truco consistía en sacar el aire con un característico “eructo”. Pero su producto no se vendía a la altura del hallazgo.

Fiestas en casas

Y aquí entra en juego Brownie Wise, que vendía esos recipientes organizando fiestas en casas y explicando cómo funcionaban. Tal fue el éxito de su sistema de venta directa que Tupper decidió nombrarla vicepresidenta de la compañía en 1951 y retirar sus productos de las tiendas. Parecía una unión perfecta: invención con diseño útil, más un sistema de ‘marketing’ fresco y rentable. La empresa crecía como un cohete. Y Wise fue la primera mujer en ocupar la portada de ‘Business Week’. Montó un entramado de recompensas con viajes a sus vendedoras, amas de casa, que no solo obtenían dinero extra, sino que se sentían valoradas. “Tú construyes a la gente y la gente construye el negocio”. Era un momento donde estaba mal visto que las mujeres trabajasen fuera de casa.

Pero Tupper no vio con buenos ojos la creciente fama de su empleada, con la que tenía frecuentes encontronazos. Y en 1958 dio un vuelco a su vida: la despidió fulminantemente, vendió la empresa por 16 millones de dólares y se divorció de su mujer. Posteriormente renunció a la nacionalidad americana para pagar menos impuestos y se compró una isla en Costa Rica donde murió en 1983. Wise, en plena euforia y popularidad, decidió crear la empresa de cosméticos Cinderella, emulando el sistema de venta en casa, pero fracasó estrepitosamente. Ya existía Avon. Acabó haciendo cerámica y totalmente borrada de la historia de éxito de Tupper, hasta que hace poco se volvió a reivindicar sus creativas ocurrencias. De hecho, anticipó las redes sociales, pero físicas, fidelizando consumidores. Creó una inmensa estructura comercial, sin dependencia directa de la empresa –como los ‘riders’ hoy en día–, pero unidos como una gran familia, motivados por interés económico y valoración personal. Wise no solo prescindió de las tiendas, sino que canceló la publicidad, algo realmente inaudito en pleno ‘boom’ consumista americano. Ideó un cercano boca oreja, y sobre todo, un innovador vista tacto. Sony anunció hace años un biópic de Wise protagonizado por Sandra Bullock.

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2,9 millones de vendedores

Tupperware sigue viva y fiel a su sistema de vender en fiestas domésticas, aunque apoyada ahora en la venta on-line. Actualmente hay 2,9 millones de vendedores que montan ‘partys’ para 100 millones de invitadas cada año. La palabra táper está en el diccionario desde hace dos años. Y es de las pocas, como ‘rímel’ o ‘farias’, que es metonimia nominal, designa un genérico con el nombre de su creador. Sin duda, la pandemia les habrá dado un batacazo al suprimir las reuniones, pero ¿a quién no? En España se instalaron en 1966 y recuerdo a mi madre llegar a casa muy excitada, supongo tras una buena merendola en casa de alguna amiga, y mostrarnos las bondades del ingenio. En 1984, la patente expiró, y Manuel Jalón, el inventor de la fregona, hizo una versión nacional mejorando el cierre.

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