Pros y contras

Sin alma

Barcelona dejó de sentir dos latidos. ¿Cuántos son dos latidos? ¿Es mucho? ¿Es poco? Es todo

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Un sintecho, en el paseo de Sant Joan de Barcelona.

Un sintecho, en el paseo de Sant Joan de Barcelona. / JOAN PUIG

Pasear. Correr. Reír. Llorar. Abrazarse. Besarse. Despedirse. Pensar. Soñar. Aburrirse. Recordar. Y un paso. Y otro. Y otro más. Millones de pasos sobre el asfalto. Un infinito de huellas modelando el alma de la ciudad. Viento sobre arenisca. Agua sobre las rocas. Sentir, vivir… y morir. Dos hombres han muerto en las calles de Barcelona. No tenían ni 40 años. Probablemente los mató el frío. No, los remató el frío. Antes, fueron muriendo. Ellos también desgastándose por la inclemencia. Cada puerta cerrada, una herida. Cada desprecio, una laceración. 

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Morir en las mismas calles en las que otros pasean, corren, piensan, ríen, se besan o se aburren. Asfalto de cementerio. ¿Se dieron cuenta de que morían? Allí, a tan solo unos metros de cientos de miles de hogares. Quizá veían unas luces prendidas. Quizá soñaban con un refugio caliente. Quizá ya ni siquiera sentían. Sus corazones se detuvieron. Y Barcelona dejó de sentir dos latidos. ¿Cuántos son dos latidos? ¿Es mucho? ¿Es poco? Es todo. Dos llagas dolientes. El desgarro de una ciudad sin alma. 

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