Librerías

Todo era retórica

¿Puede implicar una pandemia una devaluación tan bestia de la idea de la cultura como bien esencial?

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La librería Calders, en el barrio de Sant Antoni de Barcelona.

La librería Calders, en el barrio de Sant Antoni de Barcelona. / Sergi Conesa

En 2017, el Departament de Cultura de la Generalitat presentaba el Pla de Lectura 2020. Leerlo ahora da grima.

El plan habla de campañas que nunca se llegaron a poner en marcha: una complementaria de la famosa 'Fas 6 anys, tria un llibre' dirigida a la franja de edad de 16 años, la inevitable -vuelve todos los años- promesa de la 'Nit de les llibreries'…; no importa. Lo que es dramático de leer hoy, con todas las librerías de más de 400 metros cuadrados cerradas y la certeza de que, en el caso de que se produzca un nuevo cierre general, las más pequeñas tendrán que cerrar también, es el tono épico con el que se habla en el documento de la importancia de estas, junto con las bibliotecas, como agentes imprescindibles a la hora de materializar la esencialidad innegable del hecho de leer.

En el documento, se dice, por ejemplo, que la lectura “fagocita la ignorancia, la superstición y los prejuicios y afirma el triunfo definitivo de la razón”, se habla también del “hambre libresco” que caracteriza a Catalunya desde hace siglos…, todo muy sentido, vale, para acabar diciendo que aquí viene la Gene con un montón de ideas que garantizarán que las librerías y las bibliotecas contarán con todos los recursos para proporcionar a la sociedad todas estas herramientas en forma de libros que harán del mundo un sitio mejor. Y entonces se ponen a hablar de ayudas a la modernización, a la producción de actividades… Todo perfecto, pero no tiene en cuenta un detalle: nada de todo eso tiene sentido si las librerías están cerradas.

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Cuando se presentó este documento no se podía saber que venía una pandemia, es verdad; ¿puede implicar, sin embargo, una pandemia una devaluación tan bestia de la idea de la cultura como bien esencial? El mismo departamento de Cultura que hace poco más de tres años presentaba aquel plan es el que ahora recula y obliga a las librerías (y antes a los teatros y a los cines) a cerrar. Desde el Gremi de Llibreters dicen que ha sido un problema de “falta de precisión” y de “desacuerdo entre departamentos”, ¿qué venía siendo entonces todo ese discurso que, desde hace años, utiliza Cultura para referirse al libro y a la lectura? ¿Retórica?