La nota

Las líneas rojas se destiñen

El 72% de los catalanes se muestran partidarios del indulto a los políticos presos por el ‘procés’

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Oriol Junqueras y Carles Puigdemont, en una imagen de octubre del 2017.

Oriol Junqueras y Carles Puigdemont, en una imagen de octubre del 2017. / FERRAN SENDRA

Llevamos demasiados años –mínimo desde la sentencia del Constitucional de 2010– en que la relación Catalunya-España parte a la sociedad catalana y condiciona la política española. Y hemos vivido hechos, de distinto signo, que alimentaron mucho la crispación. Desde maniobras en el Constitucional –con más carga política que jurídica– contra un Estatut votado por las Cortes Españolas y aprobado en referéndum hasta una declaración de independencia (DUI) ignorando toda la legalidad. Incluso el propio Estatut, que exigía una mayoría muy cualificada para su reforma.

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Tras 10 años de choques –entre los dos gobiernos, pero también en el interior de Catalunya– y tres de los hechos que llevaron a una parte significativa del gobierno catalán a la cárcel o al exilio, el optimismo es imposible. Pero el realismo y el escepticismo no nos pueden llevar a negar el lento surgir de “brotes verdes”. La encuesta que este diario publicó el viernes y sábado sigue mostrando una sociedad dividida, pero con claros signos de que una parte relevante de Catalunya quiere mirar más al futuro que al pasado. Que sabe que hay que pasar página, tanto de las leyes de desconexión y de la DUI de 2017 como de la aplicación del artículo 155 de la Constitución.

Datos relevantes

Los graves errores de entonces no nos pueden seguir encadenando a un pesimismo estéril y paralizador. Y uno de los datos más relevantes de la encuesta es que nada menos que el 72% de los catalanes cree que el Gobierno Sánchez debería indultar a los políticos condenados que todavía están en prisión. Y en este 72% no están solo los electores de ERC y JxCat, sino una mayoría sólida (el 58,8%) de los que no votan al independentismo. Hasta el 33% de los electores del PP apoyan el indulto. 

Y en el campo independentista se han dado pasos firmes para –sin abjurar de nada– admitir que la independencia no puede ser fruto de la unilateralidad y con el apoyo de solo el 48% de la sociedad. Así lo afirman Oriol Junqueras y Marta Rovira en un reciente libro que fija la posición de ERC, que ganó en Catalunya las últimas elecciones celebradas, las municipales y las dos legislativas de 2019.

El territorio del realismo

Pero el no escupir a la realidad no es solo cosa de ERC. La nueva candidata de la CUP, Dolors Sabater, que fue alcaldesa de Badalona (antes de ser desbancada por el PSC y antes de Garcia Albiol), que debe conocer bien la complejidad política, decía el pasado domingo en una entrevista a Julia Regué en este diario: “Creo que a lo que han renunciado (ERC y JxCat) es a una política de sinceridad con la población y a buscar soluciones efectivas para seguir adelante…Hay que escapar de propuestas mágicas, ni la DUI inmediata es posible ni la mesa de diálogo está dando resultados”.

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Claro, Sabater no dice que la mesa de diálogo no ha avanzado –al menos en parte– porque el ‘president’ Torra puso todos los obstáculos posibles. Pero luego habla de las “líneas rojas” para los pactos –uno de los pecados de la política catalana (y española)– y afirma: “Las líneas rojas que se ponen a priori después cambian”. Bienvenida la CUP, o al menos Sabater, al territorio del realismo.

 Llega la campaña –si la pandemia no lo impide– y la riña y las descalificaciones serán inevitables. Pero las líneas rojas tienden a desteñirse algo. El propio Puigdemont afirmó este lunes en TV3 que si el independentismo tiene más del 50% de los votos, el ‘procés’ deberá reemprenderse. Quería criticar así a ERC, pero no reconoció que ese 50% no fue conseguido nunca por el independentismo. Y que pese a ello…