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Manifestantes con mascaras de Dali y entre ellos  el presidente de Vox  Santiago Abascal (i) y el portavoz parlamentario de Vox  Ivan Espinosa de los Monteros (d) se concentran con pancartas con el simbolo de la muerte frente al Congreso de los Diputados  en Madrid (Espana)  a 17 de diciembre de 2020  La accion forma parte de la campana Vividores  impulsada por la Asociacion Catolica de Propagandistas (ACdP)  contra la ley de la Eutanasia que hoy se aprueba en la Camara Baja   17 DICIEMBRE 2020  Eduardo Parra   Europa Press  17 12 2020

Manifestantes con mascaras de Dali y entre ellos el presidente de Vox Santiago Abascal (i) y el portavoz parlamentario de Vox Ivan Espinosa de los Monteros (d) se concentran con pancartas con el simbolo de la muerte frente al Congreso de los Diputados en Madrid (Espana) a 17 de diciembre de 2020 La accion forma parte de la campana Vividores impulsada por la Asociacion Catolica de Propagandistas (ACdP) contra la ley de la Eutanasia que hoy se aprueba en la Camara Baja 17 DICIEMBRE 2020 Eduardo Parra Europa Press 17 12 2020 / Eduardo Parra

La presidencia de Trump se desmorona en el horror de su concepto delirante del poder. Una deriva trastornada que esperemos no acabe haciendo mas daño esta última semana. Mientras el Congreso prepara un impeachment, en la hora de los adioses sería bueno también empezar a desmontar su legado en Europa.

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Ha llegado la hora de confrontar a los movimientos ultranacionalistas que a la sombra de la primera potencia mundial han concurrido libres de sospecha al juego de las urnas con programas xenófobos y antieuropeos. Están en todos los países, pero son fácilmente identificables. Quieren el regreso a soberanías decimonónicas y para ello utilizan el odio en discursos que suenan a rancio, pero que son peligrosos. Repudian todo lo que venga de fuera, pero sobre todo odian y radicalizan el discurso político hacia todos los que desde dentro no coincidan en su idea de patria. El Frente Nacional de Le Pen en Francia, Salvini en Italia, Orban en Hungria, VOX en España y así hasta cubrir todo el continente. Aunque ahora lo nieguen, todos ellos se proyectaban en la sombra de Trump. Coinciden en envolverse en banderas para justificar su discurso radical, su ataque a cualquier oposición y el manejo de las mentiras, pero sobre todo en la descalificación para que prevalezca una sola visión de país: la suya.

Aunque ahora huyan de su legado se han quedado huérfanos ¿En quién pueden fijarse para justificar su radicalismo? A Trump le salvaba la solvencia democrática de EEUU. En Europa es el momento de frenar su ascenso. Las imágenes del Capitolio nos apelan a actuar aquí también: nos corresponde a todos bajar el tono y la descalificación; a la derecha liberal le corresponde crear una frontera, a la izquierda hacer evidente políticas de justicia e igualdad social que sean inclusivas y a ambos entenderse porque, igual que a Trump le votaron mas de 70 millones, aquí hay millones que se sienten excluidos. Pensar que la amenaza de Trump acaba en el Capitolio es un error, también aquí ha dejado deberes.