ANÁLISIS

La firma de Koeman

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Ronald Koeman, en el banquillo de Los Cármenes.

Ronald Koeman, en el banquillo de Los Cármenes. / Jorge Guerrero

Cuánto tiempo hacía que el Barça no cerraba cómodamente un partido antes del descanso. Acostumbrados a caminar descalzos sobre cristales, siempre temerosos al final de pincharse, los jugadores permitieron a Koeman aplaudir, sonreír y contemplar el desenlace sin palpitaciones aceleradas. Hasta se animó a sustituir a Messi y dar cancha a Riqui Puig. ¿Quién lo iba a decir cuando se vio forzado a alinear a Umtiti a última hora? Ni el francés, siempre tan frágil y ayer en cambio bastante correcto, frenó la ascendente trayectoria de los azulgranas. Solo pasaron cosas buenas en Granada.  

Ganó fácil en los Cármenes, y eso, aparte de insólito, resulta fundamental para adquirir sensaciones de fortaleza y convencerse de que todo lo que ha imaginado Koeman va hacia alguna parte. El Barça se sintió grande por un día porque supo rematar y supo controlar el juego con continuidad, sin desmayarse en ningún momento. Cada futbolista de la plantilla que debe ser importante parece haber encontrado su lugar y juega al nivel que durante tanto tiempo se ha esperado de ellos.

La regularidad

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De Jong, explosivo y valiente, se va asemejando al del Ajax; Dembélé ofrece el desequilibrio que se le pedía cuando se pagó todo aquel dineral en su día y ya no pierde el balón en posesiones atolondradas; Griezmann levanta el brazo, juega menos encogido y ha sacado el brillo a la bota cara a puerta. Y así varios más. Debería durar todo eso, que es el próximo reto de Koeman después de enlazar tres triunfos seguidos y cuatro a domicilio por primera vez. Convertir lo ocasional en cotidiano. 

Koeman va plasmando su firma sobre el equipo y Messi, que anotó al fin de falta directa tras 62 intentos fallidos, demuestra partido tras partido que mezcla cada mejor con la nueva guardia (incluso con Dest, al que dirigió una reprimenda tremenda). Y sin duda ha recuperado el golpeo dulce. Lo constató en sus dos goles. Koeman, después de tantos sinsabores, va cogiendo credibilidad como estratega. Tras unos cuantos garabatos feos, al fin le va saliendo un trazo firme.