El camino al 14-F

Arrimadas: tenemos un problema

C´s sube en España con la vuelta al centro y baja en Catalunya abanderando la política de bloque contra bloque

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Inés Arrimadas en el Parlament.

Inés Arrimadas en el Parlament. / JOAN CORTADELLAS

La lectura general del barómetro del CIS de diciembre fue que la coalición PSOE-Podemos perdía fuerza. Era correcto comparando con el barómetro anterior (noviembre), pero miope. Respecto a las elecciones de 2019 –el punto correcto de referencia– mientras el PP, Vox y Podemos bajaban, solo dos partidos subían: el PSOE, un 1,2%, y C´s, un más significativo 3,6%.

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 Además, Arrimadas tenía una valoración dos décimas por encima de Casado y en las preferencias a presidir el Gobierno casi empataba con el líder popular (8,3% frente a 9,7%), ambos a distancia de Pedro Sánchez (26%). A C´s le beneficiaba diferenciarse del bloque de la derecha y negociar a fondo con el PSOE. A veces con éxito (prórrogas del estado de alarma) y otras sin (los Presupuestos), pero intentando evitar la partición de España en dos mitades antagónicas. El electorado aplaudía la vuelta al centro abandonado por Rivera.

Dirección contraria

Sin embargo, los sondeos sobre Catalunya –donde Arrimadas ganó las autonómicas de diciembre de 2017 (las del 155), que permitieron a Rivera sacar pecho en las españolas de 2019– apuntan en una dirección contraria. La encuesta del CEO (el CIS de la Generalitat) de diciembre preveía un fuerte descenso de la formación naranja. Le daba una estimación de voto de solo el 10% y 13 o 14 escaños frente al 25,4% y 36 diputados del 2017. C´s pasaba así de la primera a la cuarta fuerza del Parlament catalán.

Y la encuesta publicada ayer por EL PERIÓDICO ahonda el retroceso ya que le atribuye solo un 9,8% y 12 o 13 diputados, la tercera parte de los de 2017 y muy por detrás del PSC, ERC y JXCat que encabezan, por este orden, las expectativas.

Razón cronológica

¿Por qué C´s sube con cierto empuje en el total de España mientras se desploma en Catalunya? Hay una razón cronológica. C´s sube en España tras el desastre de Albert Rivera en noviembre de 2019, cuando tras negarse a negociar con el PSOE cayó de 57 a 10 diputados. Por el contrario, en Catalunya la comparación es con las elecciones de dos años antes, las de 2017, cuando C´s estaba en un punto máximo y recogió el voto de muchos catalanes atribulados por la declaración unilateral de independencia con sólo el 47% de los votos. Y además en Catalunya hay un rebote del PSC, que se suele dar cuando el PSOE gobierna en Madrid y que esta semana la candidatura de Illa ha agrandado.

Pero hay algo más de fondo. Todas las encuestas indican que tanto en España como en Catalunya late un cansancio con la casi eterna crispación (entre izquierdas y derechas, o entre independentismo y constitucionalismo) y un ansía de normalización política.

Formas contradictorias

Y ante este deseo –difícil con la actual bipolarización– C´s actúa de forma contradictoria. En Madrid apuesta por ser la bisagra flexible, capaz de pactar a la derecha o a la izquierda, en función de los intereses de un centro liberal. En una reciente entrevista a ‘El Mundo’, Arrimadas insistía en que mientras el PP, que forma parte del PPE, es un partido conservador, C´s es una formación ligada a los reformistas y liberales europeos (referencia Macron)

Por el contrario, en Catalunya, C´s no ha sabido inflexionar hacia una posición menos polarizada su rol de 2017, cuando se convirtió en el refugio del voto atormentado por un independentismo que creía poder merendarse el mundo. Y ahora, que se ha visto que aquello era y es imposible, C´s sigue apostando por ser la punta de lanza de un bloque anti-independentista cuando buena parte de Catalunya aspira a la distensión.

Un mal negocio

Hay otras causas, pero las encuestas citadas permiten enunciar un teorema: C´s es premiado allí donde se presenta como una bisagra pactista (España) y es castigado cuando quiere ser el eje de un bloque que no quiere ver otra solución que la derrota total del contrario y la confesión de su culpabilidad.

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Lo grave para Arrimadas es que su fracaso en Catalunya en las elecciones del 14-F, bastante previsible, puede perjudicarle seriamente en Madrid, donde Pablo Casado (y seguramente el hoy “semi-durmiente” Albert Rivera y los contrarios a su liderazgo) están más que molestos con su política de diálogo con “el sanchismo”.

Ser pactista en Madrid y radical en Catalunya habría sido así no solo un error sino también un mal negocio.