Consumo cultural

Series, cines, rituales

Estudiar la cartelera, elegir la sala preferida y aprovechar el reestreno de un filme que te habías perdido también es parte de la experiencia

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Una sala de cine vacía.

Una sala de cine vacía. / Shutterstock

Un amigo me llama para contarme que los Reyes le han traído una suscripción a HBO. "¿Por dónde empiezo?", dice. Respuesta: “¿Tienes siete vidas?”. Luego le hablo de los clásicos que hicieron líder a esa plataforma, como 'Los Soprano' o 'The Wire', y me dice que ya los vio en deuvedé. Trabajo hecho, pues. “Aunque... también podría verlas de nuevo. ¡Eran muy buenas!”, dice. Respuesta: “¿Cuántos libros relees al año?”. Ahora mismo, con la oferta extraordinaria de HBO y otras propuestas digitales, recuperar series que te entusiasmaron es un lujo que requiere muchas horas, y la presión social para estar al día de las novedades es muy fuerte. Aunque, pensándolo bien, volver a los grandes títulos también puede ser un aprendizaje...

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Estos últimos años nos hemos acostumbrado a consumir las series con una glotonería de 'fast food', y a menudo ponemos en el mismo saco obras maestras y producciones mediocres, sin distancia crítica. Además, la pandemia ha provocado que algunos directores de renombre estrenen directamente en las plataformas. El lío es notable, y todavía hay otro elemento de desconcierto: el exceso de la oferta digital, la facilidad para acceder a todo lo que desees con solo un clic, ha banalizado el esfuerzo, la curiosidad cultural. Con la música ocurre lo mismo. Compras el acceso directo a todo lo que se hace —“¡en Filmin puedo ver toda la obra de Tarkovsky!”—, y parece que con eso baste. A menudo acabamos pagando por la posibilidad de ver algo, pero no es lo mismo; igual que comprar un libro y guardarlo en la biblioteca no es leerlo.

 Disfrutar de una película solía ir acompañado de unos rituales. Estudiar la cartelera, elegir la sala preferida, aprovechar el reestreno de un filme que te habías perdido: todo esto es también parte de la experiencia y de su recuerdo. Hace años, por ejemplo, vi 'Sacrificio' de Tarkovsky en el desaparecido cine Arcadia. Estos días, el director J. A. Bayona se lamentaba del cierre de muchos cines en Barcelona, ​​una situación que la pandemia ha empeorado, y a mí me gusta leerlo como un consejo: de acuerdo, apuntémonos a HBO o Filmin, pero ahora que podemos, volvamos también a los cines que aun están abiertos.

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