Y ahora, un temporal de nieve

Las nevadas cortarán carreteras y afectarán a la actividad, pero conectan con emociones antiguas, con recuerdos, y están cargadas de buenas vibraciones: las que da saber que pasa con el tiempo y todo vuelve a ser como antes

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Tres personas juegan con la nieve el parque del Retiro.

Tres personas juegan con la nieve el parque del Retiro. / EUROPA PRESS / EDUARDO PARRA

Hay una escuela en la zona más remota de Siberia donde los niños pueden dejar de ir a clase si la temperatura cae por debajo de los 56 grados bajo cero. Con 51 bajo cero, los pequeños van al colegio con perros de trineo o con un autobús que les recoge desde las poblaciones cercanas. La zona es conocida como el Polo del Frío, y está en Yakutia. Un fotógrafo realizó un reportaje para el Siberian Times hace unas semanas que da fe del ajetreo escolar en una zona donde el sol apenas luce unas pocas horas.

El frío intenso, acompañado estos días de nevadas, alcanza nuestra latitud y vuelve a ponernos en alerta aunque sobre todo en las ciudades el termómetro no compite ni de lejos con esos valores bajo cero. La pandemia le ha dado a este episodio de frío un soplo extra de novedad: los espacios comunes como oficinas y colegios necesitan ventilación frecuente y profesores y alumnos deben dar clase más expuestos a los elementos de lo imaginado. Da frío solo contarlo. ¿Retrasar el inicio de curso? Pese a algunas voces que así lo han pedido,  no está esta medida en los planes del Govern, empeñado en ganar centímetro a centímetro una apariencia de normalidad que sigue sin convencer a nadie, de igual forma que no podemos resignarnos a tener más de 200 muertos diarios de covid en toda España y seguir con nuestras vidas como si nada. La normalidad nunca deberá ser esto.

Los niños de Oymyakon y otros poblados de Yakutia también están amenazados por el covid pero ahí se acaba la similitud con nuestros escolares. Ahí y en el afán de no perder comba en sus cursos, que luchan por mantener de forma presencial. La escuela es un lugar donde no solo se aprende la lección y el temario que corresponde por edad, es un campo de pruebas de habilidades sociales, un laboratorio donde poner en práctica en un espacio controlado el complejo mundo de las relaciones. Cada vez tendemos a recurrir a vías telemáticas de comunicación, pero solo en un contexto de iguales y en edades tempranas se puede construir con garantías el vínculo más propio de la humanidad.

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Nevará en Barcelona pero no será como en Siberia. La luz ya domina muchas horas del día, y niños y adultos nos maravillaremos como aquel 8 de marzo de 2010 en que los copos cayeron blandos sobre el paseo de Gracia, la Diagonal, y de camino de vuelta a casa cogíamos con manos enguantadas puñados de nieve amontonada en parabrisas de coches aparcados, para hacer bolas y sentir con más intensidad un momento único.

En unos tiempos en que la rutina de restricciones por el coronavirus empuja  nuestras vidas a hacerse pequeñas, limitadas y llenas de incertidumbres, los temporales y cambios meteorológicos nos sacuden en todos los sentidos y son un revulsivo para superar nuestro ensimismamiento. Las nevadas no provocarán nuevos límites perimetrales municipales ni toques de queda, pero sí carreteras cortadas y accesos cerrados, obligatoriedad de usar cadenas. Es otra excepcionalidad que compite en atención y a veces converge con la que suscita la pandemia, pero que conecta con emociones antiguas, con recuerdos, y está preñada por eso de buenas vibraciones: las que da saber que pasa con el tiempo y todo vuelve a ser como antes.