La tribuna

¿Vamos mal con la vacunación?

Ciertamente hay prisa, no nos podemos permitir el lujo de entretenernos, pero el hecho de que se disparen los indicadores epidémicos no tiene que ser motivo para improvisar y querer correr más de lo conveniente

Se lee en minutos
Sanitarios del Hospital de Sant Pau de Barcelona reciben la vacuna contra el covid-19, este martes.

Sanitarios del Hospital de Sant Pau de Barcelona reciben la vacuna contra el covid-19, este martes. / Quique Garcia (Efe)

Se había anunciado que, en los primeros 15 días de campaña, se vacunaría contra el covid-19 a 104.000 personas en Catalunya y que hacia abril tendríamos más de 700.000. La realidad ha sido que el número aproximado de vacunados reales ha sido de unos 7.500. Importante diferencia.

¿Qué ha pasado?

Esto no es pan comido. No es lo mismo que vacunar de la gripe. Son igualmente vacunas, pero no tienen nada que ver una con la otra. Estamos hablando de logística y administración. La vacuna de la gripe tal como llega se administra y la conservación en nevera es sencilla. Cualquier enfermera la puede administrar. Hace muchos años que se repite la sistemática y está plenamente estandarizada. Y además, es administrada por el personal de los propios CAP.

Ahora no repetiremos toda la problemática logística y de administración de esta nueva vacuna que, recordamos, hace muy pocos días que fue autorizada, pero recordemos que viene con unas condiciones de conservación en inicio a -70 °C, que posteriormente se tiene que hacer una bajada de temperatura y que, finalmente, tiene que ser administrada a temperatura ambiente con muy poco tiempo de intervalo entre que sale de la congelación y el pinchazo al paciente. Además, llega con viales de cinco dosis cada uno. Puede parecer una tema menor, pero recordemos que en Alemania, hace algunos días, ocho personas tuvieron que ser ingresadas por haber recibido una dosis cinco veces más alta de la indicada. Nuestra atención primaria, lo hemos dicho y repetido, está sobresaturada de trabajo. No es que no se quiera contratar personal de enfermería. Es que solo se puede contar, porque no hay más, con el personal ya existente que acepte voluntariamente añadir más horas a su jornada habitual de trabajo. Se ha podido formar a 500 enfermeras, que trabajarán en 25 equipos. Pero cuadrar los horarios de vacunación con los horarios habituales del trabajo que hacen cada día no es sencillo. Además, hace falta una formación específica para aquel personal que formará parte de estos equipos para familiarizarlo con esta vacuna. Razones de más para honrar a estas profesionales que, recordémoslo, añaden horas a su horario para poder hacer las vacunaciones pertinentes. Esta es una vacuna muy nueva. Como siempre, hace falta la autorización explicita para administrarla, pero con esta vacuna todavía es más necesario. Se ha empezado por las residencias. Muchos ancianos y ancianas no están en condiciones de firmar el consentimiento para la vacunación y hace falta que lo hagan sus familiares. Y esto no siempre es sencillo.

El inicio de una implantación es siempre mucho más lento que una vez ya va rodado. El problema es que los ritmos políticos y mediáticos no coinciden con los científicos

Además surge un nuevo tema. ¿Hay que vacunar al máximo de gente aunque no se pueda garantizar la segunda dosis como hace el Reino Unido? ¿O hay que reducir las vacunaciones para garantizar la segunda dosis, como defienden algunas comunidades autónomas? No hay ningún indicio que haga pensar que no se pueda garantizar las dos dosis, al menos para esta primera fase de cobertura a residencias. Al menos hasta marzo se pueden garantizar las 60.000 dosis semanales, a pesar de que siempre se puede producir un accidente. Otra cosa será reconsiderar el tema antes de empezar la segunda fase. Un elemento más para incrementar la tensión.

Una operación de este tipo no se puede improvisar. Y sabemos que el inicio de cualquier implantación es siempre mucho más lento que una vez ya va rodado. El doctor Argimon lo ha dicho claramente, “no es una carrera de velocidad. Es un maratón”.

El problema es que los ritmos políticos y mediáticos no coinciden con los técnicos y científicos.

La urgencia de presentar soluciones rápidas, de demostrar que empezamos, como se han dicho, a salir del túnel, y que se pueden dar plazos relativamente cortos para salir, hace que, a veces, se quieran concretar plazos y cuantías que sería más prudente no declarar, si no se quiere hacer caer en el desaliento y la sensación de que “todo va mal”. Y no es así. El político es más atrevido que el científico que, por realismo, es más conservador. Desconfiad de aquellos “científicos” que tienen soluciones para todo y dicen saberlo todo. La realidad es muy compleja. No es lineal. 

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

Miren alrededor. No vamos peor que otros países que nos rodean

Noticias relacionadas

No es, no puede ser, una carrera de quién hace más en menos tiempo. No tenemos que entrar en una lluvia de cifras, con las aparentes contradicciones que comporta. Ciertamente hay prisa, no nos podemos permitir el lujo de entretenernos, pero el hecho de que se disparen los indicadores epidémicos no tiene que ser motivo para improvisar y querer correr más de lo que es conveniente.

Tengamos confianza en unos profesionales que saben lo que se hacen y con un nivel de compromiso altísimo. Dejémoslos trabajar con tranquilidad. Ahogarlos con más y más presiones no es conveniente. Hay que considerar las cifras y los indicadores como lo que son: referencias y no finalidades.