Consecuencias del covid-19

¿Somos mejores de lo que nos sentimos?

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Dos personas teletrabajan en su domicilio, el pasado verano.

Dos personas teletrabajan en su domicilio, el pasado verano. / EL PERIÓDICO

Este artículo es un encargo y no me avergüenza admitirlo. De hecho, me enorgullece que una amiga a la que quiero y admiro me diga que le gustaría leerme al respecto. Sé que no voy a decir nada que no hayáis pensado todos en algún momento de este año tan... particular que acabamos de dejar atrás.

¿Quién no ha tenido problemas de autoestima después de que la combinación de confinamiento, soledad, angustia e incertidumbre nos haya hecho sufrir de falta de concentración y nos haya llevado a cometer algunos, unos cuantos, muchos, tantos, errores en nuestros trabajos?

Tenemos dos consuelos y una esperanza. La esperanza de que el gesto simbólico del cambio de año nos dé un nuevo impulso para seguir trabajando como si la tercera ola no estuviera a la vuelta de la esquina. Porque no tenemos alternativa. Como en el poema de Joan Maragall: "Esfuérzate en tu tarea como si de cada detalle que piensas, de cada palabra que dices, de cada pieza que pones, de cada golpe de martillo, dependiera la salvación de la humanidad. Porque sí depende, créeme". El consuelo de saber que hemos hecho lo que hemos podido, aunque quizá no haya sido suficiente. El consuelo de saber que no hemos sido los únicos y que a menudo hemos leído en la mirada del otro un "te entiendo, todos estamos igual, no te preocupes". La otra cara de la moneda, que me cuesta digerir, es la falta de generosidad y empatía de aquellos a quienes has querido bien, aunque se empeñen en ignorarlo.

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Hemos vivido la soledad y la compañía con más intensidad que nunca. Hemos vivido en un bucle informático de pantallas y formularios. Pero entre todos hemos trenzado una inmensa cadena de favores. Nos hemos ido apuntalando para no caer todos a la vez. Quizá sí que somos mejores de lo que nos sentimos.

Sobre los que actúan sin mirar qué pasa a su alrededor, egoístas, irresponsables, ya no sé qué decir. No sé qué más tiene que pasar para darnos cuenta que la vida es mucho mejor cuando intentamos vivirla en compañía. No daremos nunca suficientemente las gracias, no pediremos nunca suficientemente perdón. Feliz 2021.