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Griezmann sin ejército

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 Antoine Griezmann, a su llegada al estadio de El Alcoraz, donde Koeman lo relegó a la suplencia

Antoine Griezmann, a su llegada al estadio de El Alcoraz, donde Koeman lo relegó a la suplencia / AFP/ Europa Press

Griezmann era una soldado más de Simeone. Se sentía cómodo en ese papel. Si había que sufrir, se sufría. Si tocaba defender, se defendía. Cada partido, una guerra con un libro de instrucciones que se sabía de memoria. Y en ese ecosistema brillaba como el que más. Aquellos que le ficharon pensaron que, simplemente cambiando el campo de batalla, obtendrían el mismo resultado.

Pero aquí no es un soldado porque aquí no se sabe muy bien hacia donde va el ejército. Unos paran para descansar mientras los otros avanzan y quedan para reencontrarse al final del día. Y ni hablemos de libro de instrucciones, porque va por el tercero en dos temporadas. Aquí no hay una guerra que ganar porque ahora mismo solo se aspira a la supervivencia, a la espera de que aparezca un nuevo general que reagrupe filas y forme una nueva estrategia.

Y en este evidente desconcierto, a medio camino entre el viejo y el nuevo ciclo, Griezmann no se siente cómodo. No sabe liderar, no tiene claro su papel y tampoco exige más, porque él tiene alma de jugador de equipo que un día se encontró haciendo de solista.

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Si le ponen, juega, y si lo sientan, se sienta. No se resiste como lo haría alguien de su nivel, porque eso nunca ha ido con él. Claro que le duele, pero se limitar a transmitir la profesionalidad que merecen sus camaradas. Y eso, que en otro momento sería elogiable, en la actual situación del Barça, desprende un aire de conformismo que no le ayuda.

Si no le hubiéramos visto jugar antes de llegar al Barça, podría haber duda. Pero no, la gran diferencia es que él sobresalía en una máquina engrasada que funcionaba y la azulgrana va a trompicones. Contra eso solo cabe la rebelión, porque este no es ese Barça en que los buenos jugadores parecen mejores de lo que son, sino que te engulle. Se trata de no contagiarse del contexto y emerger. Si Griezmann no consigue mejorar lo visto hasta ahora, si no tiene una marcha más que ofrecer, solo queda poner en funcionamiento las cámaras y tomar otra decisión.