Nostalgia del pasado

Que vuelvan los turistas

Ojalá este 2021 sea el año en el que recuperemos aquella vida cotidiana que a muchos nos parecía tan rutinaria, pero que ahora añoramos

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Tres jóvenes con mascarilla se hacen un selfi ante la Sagrada Família, el pasado 10 de julio.

Tres jóvenes con mascarilla se hacen un selfi ante la Sagrada Família, el pasado 10 de julio. / MANU MITRU

La crisis de la pandemia nos tiene a todos alistados en una guerra que por lo que se ve podemos ganar si nos mantenemos en casa sentados en el sofá y nos relacionamos lo menos posible. Somos guerreros pasivos, héroes inactivos cuya estrategia se basa en eludir el cuerpo a cuerpo con el virus y dejar que sean los laboratorios quienes fabriquen las armas que han de acabar con él.

Desde hace escasos días, y para seguir con el símil bélico, se han lanzado las primeras ofensivas en forma de vacuna que hacen pensar en el principio del fin de esta guerra que va camino de cumplir el año. Un año en el que han muerto más 50.000 personas en España, y que se ha quebrado en mil pedazos la vida cotidiana a muchas personas obligadas a cerrar sus pequeños negocios y a otras a mantenerse en la precariedad y la incertidumbre de sostenerse en un erte.

A pesar de lo que se está haciendo para ganar esta guerra, la reconquista, me temo, será demasiado lenta. Mientras se vacunan los primeros, muchos seguirán contagiándose en esta tercera ola que se avecina a primeros de año. Nadie hace planes, y quienes los hacemos es con la sospecha de que las cosas se pueden torcer en cualquier momento. 

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Ojalá este 2021 sea el año en el que recuperemos aquella vida cotidiana que a muchos nos parecía tan rutinaria, pero que ahora añoramos porque vemos que era mejor que la que estamos viviendo. Nadie se atreve a poner una fecha a nada. Eso sí, en Sevilla se ha decidido suspender la Semana Santa, lo que da una idea de que la confianza es poca todavía, y que todo va a ir lento, demasiado lento. 

Me gustaría que 2021 se pareciera a 2019, el año en el que en Barcelona, en pos del decrecimiento turístico, se lanzaban octavillas que ponía: “No cuentes a nadie que has estado de vacaciones en Barcelona”. Pues les confieso una cosa, y no me crucifiquen por ello, echo de menos a los turistas. Prefiero aquel batiburrillo de antes que la tristeza de ahora. ¡Feliz año a todos!