Optimismo para el 2021

Sinatra al rescate

El reloj de la mesilla de noche me despertó el 1 de enero sonando 'The best is yet to come'. Di por hecho que esa canción no sonaba por casualidad

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Frank Sinatra, en un concierto en 1991, en París.

Frank Sinatra, en un concierto en 1991, en París. / EPA /AFP / PATRICK HERTZOG

Tengo en la mesilla de noche un reloj inteligente que cada mañana escoge, de manera aleatoria, una nueva canción con la que darme los buenos días. El día 1 de enero me despertó a ritmo de swing y con la voz de Frank Sinatra. Nada nuevo. El uso crea costumbre y el relojito en cuestión conoce ya al dedillo mis preferencias musicales. Lo que me sorprendió esa mañana fue el acierto en la elección: 'The best is yet to come'. Di por hecho que esa canción no sonaba por casualidad. Entendí que el cacharro de las horas estaba actuando por su cuenta y que esa mañana había decidido saltarse la rutina de lo aleatorio para ir a buscar directamente, en la nube donde se guardan estas cosas, la canción y el mensaje adecuado: "Lo mejor está por llegar". Que es como decir: vendrán tiempos mejores. O como decir: arribita el ánimo, venga, levántate sin miedo, que con el año que empieza todo va a ir a mejor. 

Seguía yo resistiéndome a levantar la persiana de los párpados y seguía Sinatra animándome a ello: 'You ain't seen nothing yet, / the best is yet to come'. Había en su voz la voluntad expresa de facilitarme no solo el despertar de esa mañana sino el caminar con optimismo los días que se abrían por delante. ¿De dónde, si no, el acierto en la elección? Cuando salí de la ducha, reloj y Sinatra persistían en su empeño: 'The best of everything / that's what I wish for you'. Les pedí que subieran el volumen. Y al momento, como animados por Disney, un tropel de músicos en formación de 'big band' ocuparon el dormitorio y se desparramaron por los pasillos de toda la casa. Nunca un despertar de Año Nuevo había sido tan ruidoso y bullanguero.

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Llegados al salón, fue el mismo Sinatra quien dispuso mi desayuno y el que, atento a la hora, se encargó del relevo: ordenó a la banda retirarse y le dio al botón del televisor. Allí apareció, como todos los primero de año, la imponente Sala Dorada del Musikverein de Viena, con la Orquesta Filarmónica dispuesta a empezar su Concierto de Año Nuevo. La cámara ofrecía un plano general de los músicos en el escenario. Hizo su entrada Riccardo Muti, saludó a la miembros de la orquesta y cuando se dio la vuelta para saludar al público la cámara giró con él. Fue entonces cuando se rompió el hechizo. Fue entonces el verdadero despertar del día. Fue entonces la realidad. El patio de butacas estaba vacío. En silencio. Sin público. Nadie aplaudía la llegada del director. Nadie miraba. Nadie escuchaba. Nadie respiraba. Nadie. Me dolió el puñetazo en el estómago y apagué el televisor. Volví, angustiado, a Sinatra y a otra de sus canciones: 'If you'r feeling sad and lonely, /call me, don't be afraid, you can call me..'. Fue entonces cuando el reloj del dormitorio se puso en marcha de nuevo, con la voz de Sinatra al rescate: 'Come fly with me, we'll fly, we'll fly away...'.  

Y aquí estoy, volando, perdido, como todos. Volando. Huyendo de nuevo hacia ninguna parte.

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