Tablero Catalán

La vacuna y el Salvador

Illa vuelve a Catalunya para intentar hacer las paces con el soberanismo de izquierdas y expulsar de la Generalitat a las nuevas versiones del puigdemontismo

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El ministro de Sanidad, Salvador Illa, en el Consell Nacional del PSC.

El ministro de Sanidad, Salvador Illa, en el Consell Nacional del PSC. / PSC / ACN

Llegaron la vacuna y el Salvador al mismo tiempo a Catalunya. A la política le gustan las coincidencias felices que permitan construir historias entendibles hasta por el último cebollino. El cuento se explica así: el hombre fajado durante la pandemia para soportar el peso de España entera en su espalda hasta que se inventara un remedio vuelve a casa para librar, convertido esta vez él mismo en vacuna, una batalla contra el separatismo irredento.

Incluso la estética le acompaña. Salvador Illa es el Superman con gafitas de las pelis cuando viste del periodista Clark Kent. El hombre tranquilo y aburrido que salva al mundo con tan solo encontrar una cabina de teléfono en la que poder enfundarse las ridículas mallas azules. Bravo por los guionistas del PSOE.

La verdad es, por supuesto, menos efectista. Lo mejor de Salvador Illa es que no grita, no falta, no insulta, respeta al adversario y, sobre todo, que la sobreexposición televisiva lo ha hecho archifamoso. Estos activos --particularmente el último-- son un patrimonio nada despreciable. Lo peor, que España está en el top diez mundial de los muertos por millón de habitantes a causa de la covid-19, con lo que es una temeridad sacar pecho a cuenta de la gestión de la pandemia.

El país de los pasos al lado

Catalunya es el país de los pasos al lado. Ahora le ha tocado a Miquel Iceta, del que se echará de menos su virtuosismo dialéctico en estos tiempos de rebuznar parlamentario en el que sin embargo cualquiera se cree un Demóstenes. Formalmente, el borrarse voluntariamente de Iceta se explica porque el PSC-PSOE dice salir a ganar las elecciones y a presidir la Generalitat. Y que para conseguirlo no hay nada mejor que echar mano del Superman Illa.

La kryptonita de Salvador Illa por muy poderosa que resulte no dará para tanto. La virtud del ministro de Sanidad con más impacto en el futuro escenario político está en poder actuar, una vez retornado al tablero catalán, como algo nuevo sin serlo. Porque, aunque políticamente ya era relevante en la Catalunya del 'procés', su rostro no quedó abrasado por las llamas de la barbacoa soberanista. Para entendernos, resulta complicado imaginar a Oriol Junqueras preguntándole si podrá mirarle a los ojos cuando salga de la cárcel, como sí ha hecho reiteradamente con Miquel Iceta. He aquí un elemento que facilita el entendimiento: no tener cicatrices procesistas.

Illa no viene para presidir la Generalitat como ha explicado su partido porque, al igual que Cs en 2017, no podría ni aun ganando las elecciones. Lo que sí viene a hacer es un intento de paces definitivas con el soberanismo de izquierdas que ha renunciado a la unilateralidad y a intentar expulsar de la Generalitat con sus votos a las nuevas versiones del puigdemontismo.

Cambio de rasante

El objetivo final, amén de obtener mejores resultados que con Miquel Iceta de cabeza de cartel, es facilitar un Gobierno que pueda cambiar de rasante y que sitúe el eje social por encima del nacional en una Catalunya que, al igual que el resto de España, se está desangrando económicamente por la pandemia.

ERC sudará mucho menos, llegado el caso, explicando a su público la investidura de Pere Aragonès gracias al apoyo socialista con Salvador Illa en la mesa de negociación. Con Miquel Iceta, eso sería más difícil de tragar para sus votantes.

El cambio del líder socialista en Catalunya es, pues, una manera de pasar página al 'procés' engrasando los mecanismos de una nueva política de alianzas que sirva tanto en el Parlament como en el Congreso, donde ya viene ensayándose.

Nuevos tiempos

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El presidente Sánchez ha prologado los nuevos tiempos anticipando --al menos así lo ha leído prácticamente todo el mundo-- el indulto de los presos soberanistas cuando sea que esa carpeta llegue al Consejo de Ministros y reconociendo errores de ambas partes en la gestión del problema político catalán. Quizás Sánchez diga más cosas sin decirlas. Entre ellas que, a pesar de la fortaleza actual de su Gobierno, con los Presupuestos aprobados y rumbo a una legislatura completa, no deja de ser consciente de que es muy complicado manejar España durante mucho tiempo sin contar con alianzas con el catalanismo político, sea este de extracción autonomista, como en el pasado, o independentista, como en el presente.

Cuando Sánchez dice que hay que dejar atrás errores de unos y otros para profundizar en el entendimiento anticipa estas nuevas alianzas en Catalunya. Este es el encargo que Salvador Illa deberá posibilitar. Aunque este cuento de la lechera de momento solo es posible si ERC se impone a JxCat el 14-F. De no ser así no hay alternativa al actual gobierno en la Generalitat.