El placer de leer

Lecturas y malabarismos

Josep Pla, y ahora mismo Leila Guerriero, son como una música constante de fondo, la promesa de que, mientras vayas leyendo, la vida sigue

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Libros a la venta en un puesto callejero.

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El primero fue Josep Pla, hará tres o cuatro años, pero no me di cuenta hasta al cabo de un tiempo. Había terminado de leer uno de sus volúmenes de la 'Obra Completa', 'Notas para Sílvia', y ese mismo día o al día siguiente empecé otro. Lo leía a ratos, cuando se me antojaba, y una vez terminado elegí otro. Y otro. Entonces me di cuenta: siempre tengo a medio leer un libro de Josep Pla (a veces también puede ser un libro 'sobre' Josep Pla, o una relectura de un texto suyo que casi he olvidado). Los fumadores me entenderán: es como encender un cigarrillo con la colilla del anterior. Eso sí: sin prisas, con una continuidad natural, sin prever nada. Ahora, por ejemplo, leo los dietarios desnudos de 'La vida lenta', pero solo antes de dormirme, seis o siete páginas cada día.

Este año del confinamiento la cosa se ha complicado un poco, porque en el club de las buenas compañías he sumado otra autora: Leila Guerriero. La descubrí con la recopilación de artículos 'Teoría de la gravedad' y su prosa me hablaba con una proximidad que a veces incluso me daba miedo —nacimos en el mismo año—. Eran artículos cortos pero densos, que crecían con cada frase, y empecé a dosificármelos. Cuando terminé el libro, lo empecé de nuevo, y luego han venido otros: 'Zona de obras', 'Frutos extraños'...

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Como con Josep Pla, voy haciendo camino. Sé que su obra es amplia, pero desconozco cuánto durará esta aventura, si terminará pronto o no. Por otra parte, tal vez porque se trata de periodismo literario, este contacto habitual no me molesta porque nunca se mete en medio de las otras lecturas. El crítico Joe Queenan explicaba que a menudo leía 25 libros a la vez y no perdía el hilo; cada uno pedía un ritmo diferente y, de hecho, había novelas cortas que se incrustaban enteras en medio de la lectura de un clásico (e incluso dialogaban entre ellos). Yo nunca llego a una cifra tan alta, pero como lector soy un malabarista que puede mantener vivos y rodando nueve o diez títulos al mismo tiempo. Josep Pla, y ahora mismo Leila Guerriero, son como una música constante de fondo, la promesa de que, mientras vayas leyendo, la vida sigue y nada puede terminarse del todo.

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