La tribuna

Año 1 después de covid-19

Si pensamos la recuperación solo en términos económicos, nos equivocaremos. No podemos olvidar que además de una recesión económica, estamos sufriendo una recesión social y una recesión democrática

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Cola delante de una Oficina de Treball de la Generalitat en Barcelona para tramitar el paro.

Cola delante de una Oficina de Treball de la Generalitat en Barcelona para tramitar el paro. / FERRAN NADEU

Es muy probable que el año 2020 sea a partir de ahora un referente para periodificar la historia futura de la humanidad. La pandemia de covid-19 tiene la capacidad para servir de bisagra de la historia. Es decir, para actuar como un suceso que nos haga pasar de una habitación a otra de la historia. Lo que no tengo claro es que esta nueva habitación vaya a ser más confortable y acogedora de la que hoy dejamos atrás. Pero, si he de hacer un pronóstico, espero que sea para bien.

En el pasado cercano hubo eventos que tuvieron esta capacidad de servir como parteaguas de la historia y que llevaron a sociedades mejores. Lo hizo, por ejemplo, la Revolución francesa de 1789. En solo una década creó una sociedad y un Estado nuevo. Un Estado 1.0. Lo hizo también la Gran Depresión económica de los años 30 y la segunda guerra mundial. En una sola década trajeron consigo una nueva sociedad y un nuevo Estado. Un Estado del bienestar 2.0.  

¿Puede la pandemia de covid-19 traer un Estado de bienestar 3.0? Puede, pero no es seguro. A mi juicio, va a depender de cómo seamos capaces de pensar la recuperación. Si la pensamos solo en términos económicos, nos equivocaremos. No podemos olvidar que además de una recesión económica, estamos sufriendo una recesión social y una recesión democrática que viene del aumento del populismo autoritario.  

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¿A cuál de estas tres recesiones damos prioridad? A la recuperación social. La recuperación económica mediante el fomento de la transición digital y la transición verde no traerá por sí sola la recuperación social. Es más, pudiera ocurrir que esas dos transiciones intensificaran la recesión social y la recesión política autoritaria. 

Para definir bien nuestras prioridades hemos de preguntarnos cuál es el reto principal que tenemos como sociedad. A mi juicio es la falta de buenos empleos. Necesitamos reincorporar al mundo del trabajo a todos aquellos que lo han perdido con la pandemia. Pero también necesitamos incorporar a aquellos que estaban en paro de larga duración y a aquellos que no habían aún logrado incorporarse al mercado de trabajo. O pensamos la recuperación desde la perspectiva de la creación de buenos empleos o nos equivocaremos. 

Hay que recordar que las cosas buenas no llegan por sí solas, es necesario empujarlas. Para lograr la recuperación social necesitamos dos tipos de políticas. Por un lado, además de mejorar las políticas sociales actuales, necesitamos políticas e instituciones nuevas. Un ejemplo es el ingreso mínimo vital. También necesitamos nuevas instituciones para afrontar la pobreza de infancia y de jóvenes. Para erradicar la pobreza de infancia necesitamos universalizar y hacer gratuita la enseñanza preescolar de 0 a 3. Su coste financiero es bajo. Además, la UE lo contempla entre los objetivos del nuevo Fondo de Recuperación. La 'ley Celaá', en tramitación parlamentaria, debería incorporarla. Necesitamos también nuevas instituciones para crear vivienda asequible con la que erradicar la falta de emancipación y la pobreza de los jóvenes. 

Necesitamos que la digitalización y la automatización creen más y mejor empleo del que destruyen. Se logró con la industrialización de la posguerra. Ahora no está ocurriendo

Por otro lado, necesitamos experimentar con nuevas políticas de empleo. Las utilizadas en las últimas décadas no han dado los resultados esperados. La solución de más educación y formación es buena, pero no suficiente. La recuperación de la economía no será capaz de crear por sí sola suficientes empleos para todos los que quieren trabajar. Es necesario un compromiso público con el pleno empleo.  

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De la misma forma, necesitamos que la digitalización y la automatización creen más y mejor empleo del que destruyen. Se logró con la industrialización de la posguerra. Ahora no está ocurriendo. Necesitamos experimentar con la regulación tecnológica y la fiscalidad de los robots y los algoritmos de las plataformas digitales. Desde hace 30 años mantenemos elevada la fiscalidad del trabajo, pero hemos reducido la de las máquinas. Esto lleva a las empresas a sustituir trabajadores por máquinas. 

Entramos en el Año 1 después de covid-19. Puede ser el inicio de un nuevo 'estado de Bienestar 3.0' en el que el progreso económico y tecnológico vaya de la mano con el progreso social y político. De nosotros depende.