Política

Dos falsos debates

Tanto en independentismo como en monarquía, la pretensión es dejar las cosas como están pero utilizando el debate para ganar votos

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Pere Aragonès  y Laura Borràs a las puertas del Tribunal Supremo.

Pere Aragonès y Laura Borràs a las puertas del Tribunal Supremo. / Roger Pi de Cabanyes / ACN

¿Podemos calificar de falsos los debates que no tienen por finalidad producir o propiciar cambios? Si es así, tan falso es el debate sobre la bifurcación del independentismo entre partidarios de la confrontación y del pragmatismo como el que parte de la posibilidad de pasar de la monarquía a la República en un horizonte previsible. Para saber hasta qué punto un debate es falso, solo es necesario identificar los objetivos de quienes lo promueven y distinguir entre dos motivaciones: si son ellos los beneficiarios o bien si pretenden de veras cambiar las cosas al margen de sus intereses inmediatos, aunque les pudiera costar algún sacrificio. En ambos casos, la pretensión es dejar las cosas como están pero utilizando el debate para ganar votos.

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Sobre el otro debate, no cambiaría nada si en vez titularlo 'Monarquía o República' le ponemos 'Monarquía o Monarquía'. La prueba, ahora que ya no se esconden los sondeos sobre las preferencias de la ciudadanía, es que los partidarios del cambio son también los que quisieran ver hundido el llamado régimen del 78. No son más ni está previsto que aumenten por mucho que crezcan los escándalos del rey emérito y que su hijo y heredero se ponga de perfil, como en las monedas. De lo que se trata, de lo que trata el PSOE, es de no dejarse hurtar la cartera republicana por Podemos. Eso es todo, hasta el momento.