La fuerza de las tradiciones

El espíritu de la Navidad

Si algo no puede faltar en el solsticio de invierno es la celebración del final de algo como el comienzo de otra cosa

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La feria de Santa Llúcia, en Barcelona.

La feria de Santa Llúcia, en Barcelona. / Manu Mitru

Las tradiciones son un regalo del paso del tiempo, una invitación para hablar con nuestro pasado y lanzarle un guiño al futuro. Son una ventana a quienes fuimos. Nos arropan en la complicidad de una cultura que se reinventa constantemente sobre los profundos cimientos de la historia vivida, contada y recordada por quienes caminan sobre las cenizas de lo que fue. Algunas tradiciones se pierden con el paso de los años en la evidencia de haber crecido hasta el punto de no reconocernos en ellas, pero otras consiguen trascender las circunstancias que las vieron nacer y se convierten en parte de nosotros, en un elemento cultural que nos identifica casi hasta el punto de no verlas. 

La Navidad se me hace un buen ejemplo. Cada país -¡cada hogar!- tiene una manera distinta de celebrarla. Crecemos dentro del ir y venir de las festividades y las aceptamos como norma sin plantearnos de dónde surgieron, ni por qué, los pequeños ritos que le dan sentido, gusto y color a la Navidad. 

Cuando me resigné al hecho de que iba a tener que pasar las fiestas lejos de casa, di por sentado que en Reino Unido, primos hermanos del resto de Europa le pese a quien le pese, la Navidad sería más o menos como lo sería en España. Pero empecé a investigar, más por deformación profesional que por otra cosa, tradiciones del lugar y, esperando no encontrar nada fuera de lo común, me tropecé con una novela que cambiaría mi manera de pensar en la Navidad para siempre. 

‘La mujer de negro’, de Susan Hill, es un libro de terror gótio que cambió mi manera de pensar en estas fiestas para siempre

'La mujer de negro', de Susan Hill, es un celebrado libro de terror gótico que comienza con la idílica visión de una familia reunida alrededor de una chimenea en Nochebuena. Es tarde. La noche se ha hecho con el mundo y la oscuridad se asoma, pegada a las ventanas, intentando atravesar los cristales. Arthur Kipps, nuestro protagonista, se frota las manos con angustia mientras escucha a sus hijos contar historias de miedo, envueltos en sorpresa, miedo y deleite. Deja la mirada vagar y les deja hacer, intentando distanciarse lo máximo posible de la situación. Si tan solo supieran el motivo de su reserva… Suspira con fuerza y, antes de que se dé cuenta, es su turno de contar una de esas historias que la gente se inventa… pero él no tiene necesidad de hacer uso alguno de su imaginación. Con usar la memoria le basta. Su familia espera, expectante, que el cabeza de familia participe de esta tradición navideña con otro ejemplar más para la colección. Arthur, incapaz de contener el tumulto de emociones que se suceden sin control en su interior, se levanta con brusquedad y con un grito de desesperación abandona la sala. ¡Si tan solo supieran el motivo de su reserva! Incapaz de seguir arrastrando por más tiempo el horror que le persigue desde su juventud, y sabiéndose incapaz de contener la inconmensurable pena que le hizo ser quien es, decide sentarse en el silencio de su despacho y escribir. Y así es como escribe la historia que le impediría contar historias por el resto de su vida, y nos deja saber, al fin, el motivo de su reserva. 

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'La mujer de negro' es un libro corto que se lee casi sin sentir. Basta regalarse un rato, esconderse del mundo durante un par de horas con una bebida caliente y una manta y acurrucarse en algún sillón lejos de la vista de los demás. La manta y la bebida caliente no te salvarán de los escalofríos que te sacudirán de vez en cuando, pero ayudarán a imaginarse allí, en un pueblo de la costa noroeste de Inglaterra, atrapado en una vida fría y húmeda, tejida con leyendas y mitos hechos de fantasmas y palabras no dichas. Y coronando un mundo lleno de terror contenido y gritos enmudecidos, brilla con luz propia la tradición de contar historias de fantasmas en Nochebuena. Halloween y Navidad se miran fijamente a los ojos y se retan en duelo. Los vivos contra los muertos. La luz contra la oscuridad. Pero en el solsticio de invierno cabe todo y, si algo no puede faltar, es la celebración del final de algo como el comienzo de otra cosa. El fin de un ciclo siempre trae otro nuevo consigo. La muerte como preámbulo de la vida. La oscuridad como elemento indispensable de la luz. El miedo como ingrediente indiscutible de la alegría.

Quizá esa es la razón y la magia de la Navidad: ver la luz en la oscuridad; abrazarse desesperadamente a lo bueno y aprender a dejar atrás lo malo; ser feliz en la tristeza y querer más allá de la soledad y la desesperación de estar vivo y tener un corazón. Feliz Navidad y próspero año nuevo.

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