Ciencia

Los nuevos mutantes

El virus de la covid-19 ha vuelto a mutar. Su forma de sobrevivir es alterándose, pero deseo que sea más predecible que el de la gripe, que cada que cambia de vestido molecular cada temporada

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La nueva cepa del coronavirus.

La nueva cepa del coronavirus.

Una vez existió un grupo de individuos con unos talentos especiales que fueron entrenados por un misterioso profesor en una antigua mansión. Ellos serían la Patrulla-X y él el Profesor Charles Xavier. Ellos eran mutantes y sus habilidades se desarrollaron durante la adolescencia; supongo que el efecto de los cambios hormonales en la expresión genética algo tendría que ver. Mi favorito era Scott Summers, alias Cíclope. El más responsable, con su visor controlando esos rayos oculares mortíferos. Décadas después llegaron los Nuevos Mutantes con otros cambios en su ADN y otros poderes, pero no acabaron de cuajar, al menos en mi memoria selectiva. Pues de todo ello vamos a hablar, de mutaciones viejas y actuales, de enfermedad y de selección y, como no, de la covid-19.

La capacidad de cambiar se asemeja mucho a la capacidad de mutar. Virus que yacen indolentes en otras especies se modifican y saltan a un nuevo hospedador en este caso el humano. Y desencadenan crisis sociales, económicas y sanitarias de las que solo ahora parcialmente adivinamos un final. Y los gestores políticos piden respuestas a los sanitarios y a los científicos después de haberlos maltratado con una infrafinanciación crónica. Y luego el virus vuelve a mutar. Como la cepa reciente del Reino Unido. Por su naturaleza, porque su forma de sobrevivir es ir alterándose. Por suerte las vacunas actuales en desarrollo y que están recibiendo las primeras personas parece ser que también ofrecen inmunidad a la misma. Otros virus distintos como el de la gripe cambian sus vestidos moleculares cada temporada y por eso las vacunas contra el mismo son anuales. El sentido de la moda de los virus. Veremos que sucede con el agente causante de la covid-19. Deseo que sea más predecible, como si de un juego de ajedrez se tratara. Complicado pero previsible, por esos los ordenadores ya hace años que ganan a los jugadores humanos. Pero nosotros somos más impredecibles, para bien y para mal. Se realiza la tarea titánica de conseguir varias vacunas en menos de un año, pero si todo pasa, de aquí poco tiempo volveremos a pensar que la investigación es un lujo y no una necesidad.

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La mutación es un cambio en la secuencia del material genético, principalmente el ADN. Casi siempre lo asociamos a modificaciones muy pequeñitas, por ejemplo que en el abecedario del genoma en una posición concreta del brazo corto del cromosoma 3 donde ponía TCG ahora exista GCG. Eso en 6.000 millones de piezas puede semblar una tontería. Y quizás lo sea. Muchas veces no tiene un impacto evidente. Otras solo hace que una proteína que funcionaba al 100% ahora lo haga al 90% o al 110%. Lo llamamos entonces polimorfismo. Todos somos polimórficos afortunadamente porque si no pareceríamos fotocopias ambulantes. Pero a veces ese cambio diminuto altera la función de esa proteína de forma excesiva. Si ocurre en todas las células de nuestro cuerpo, incluido en las de la reproducción, hablaremos de una enfermedad hereditaria. Si ocurre en un solo tejido la denominaremos una lesión somática. Por ejemplo, en la mayoría de mutaciones del cáncer, el cambio se delimita al propio tumor y la alteración no está presente en otros órganos o tejidos. Las mutaciones, de forma general, también pueden ser cambios más grandes como duplicar un fragmento de cromosoma, perderlo o darle la vuelta.

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¿Qué causa las mutaciones? Como todo en esta vida, una parte es debida al azar. “Si aquel día hubiera entrado al edificio por esa puerta en vez de aquella ahora no estaría casado y tú no existirías”, le puede decir un padre a su hijo. Pues lo mismo, cada vez que nuestras células y los virus se "reproducen" pueden introducirse errores en su material genético. Cuanto más se divida una célula, más posibilidades de introducir cambios como sucede con la piel, la mucosa intestinal o los linfocitos. Y cuanto más tiempo pase, más probabilidades de mutar. Por eso en la vejez también hay más enfermedades: hemos tenido muchas décadas para que esos pequeños cambios ocurrieran en nuestro ADN. Claro que si queremos ayudar a que se originen aún más cambios siempre podemos recurrir al poder mutágeno del tabaco o a la radiación ionizante. Que se lo digan a la pobre Madame Curie o Rosalind Franklin en cuanto a la segunda, y a miles de personas anónimas respecto al primero.

No todos los cambios son malos. “Cambia tu vida”, nos bombardea un anuncio de préstamos. No solo algunos cambios en nuestro ADN son buenos, sino que también son necesarios. Nos ayudan a dar diversidad a los humanos. Las mutaciones nos ayudaron a bajar de los árboles y usar las manos. A articular las primeras palabras como especie. Aprendamos de la investigación genética a definir las poblaciones de más riesgo para la covid-19 y nuevas formas de tratarla. Como siempre, en el conocimiento está la probable solución.