Desafío unilateral

Un plan de esos que solo pueden salir mal

Puigdemont vuelve a plantear una campaña electoral clamando por el choque frontal. El 'expresident' no está en la cárcel, pero también está preso: de su circunstancia

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Joaquim Forn, Raül Romeva, Jordi Turull y Josep Rull, en la Audiencia Nacional.

Joaquim Forn, Raül Romeva, Jordi Turull y Josep Rull, en la Audiencia Nacional.

Hay planes que solo pueden salir mal. Lo decía la otra noche en RNE el colega Pedro Águeda, reportero de asuntos turbios. El Viernes Santo de 1924, en los primeros meses de la dictadura de Primo de Rivera, una banda asaltó el expreso de Andalucía. Hampones aficionados, creían que iban a llevarse un millón de pesetas de las nóminas que las empresas coloniales enviaban al norte de África. Asesinaron a los dos funcionarios del vagón de Correos y apenas hallaron 40.000 pesetas. Huyeron dejando tras de sí un rastro fosforescente.

La dictadura quiso dar una respuesta categórica, inclemente. La banda cayó a los pocos días. Uno de los atracadores, el más violento en el asalto, se disparó un tiro en la sien al saberse acorralado. Otros tres fueron ejecutados con garrote vil. El quinto, condenado a 30 años de prisión. «Una historia de malas cabezas, un plan de esos que solo pueden salir mal», relataba Águeda en la radio.

Máster y doctorado

Sobre planes que solo pueden salir mal, la Catalunya de la última década tiene doble grado, máster y doctorado. El ‘procés’ que desembocó en la intentona independentista unilateral del 2017 fracasó sin paliativos. Una Catalunya paralizada, fracturada política y socialmente, perjudicada económicamente y mermada en su reputación. Nueve presos con severas condenas. Seis huidos de la justicia. Este es el rastro fosforescente de aquel plan construido sobre un relato impostado que solo podía salir mal. Muy mal.

Tres años después, Carles Puigdemont vuelve a plantear la campaña electoral clamando por una secesión unilateral e inmediata que nadie admite en el contexto internacional, mucho menos en el europeo. La UE no admite bromas contagiosas cuando se dispone a sufragar la reconstrucción con una inyección financiera nunca vista.

Puigdemont no está en la cárcel, pero también está preso: de su circunstancia. Necesita conservar el poder sobre la presidencia de la Generalitat para manejar el desenlace de su situación personal. Sin ese poder, su cuenta atrás acelerará. En esta clave, variante personal de la guerra eterna entre la posconvergencia y ERC por la hegemonía, hay que leer el empecinamiento de JxCat en una vía ciega.

La vía del indulto 

Los presos son hoy el único nexo de unión del bloque independentista. Pese a ello, es probable que la coalición vuelva a gobernar tras el 14-F. Solo una victoria amplia de ERC podría armar de valor a los republicanos para consagrar su giro pragmático y buscar otros apoyos.

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Los presos, último adhesivo del bloque, dejarán de serlo tras el 14-F. No habrá amnistía. Es jurídica y políticamente inviable, aunque sea una bandera electoral sexy. Está por ver si habrá reforma penal. Para ello es necesario el voto de ERC, algo improbable si no es para abolir el delito de sedición sino solo para atenuarlo, pues esto supondría admitir que se delinquió.

El indulto será la vía de liberación de los presos tras el 14-F. Antes, reforzaría la acusación de cambalache por el aval de ERC y el PDECat a Pedro Sánchez. El indulto no requiere solicitud de los reos y la decisión es exclusiva del Gobierno. Celdas abiertas cuando haya pasado el frío.