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Una oportunidad perdida

El de hoy era para Felipe VI un discurso difícil, pero los ciudadanos hubieran agradecido una mención crítica y más explícita a la situación del rey emérito

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El Rey Felipe VI en su mensaje de Navidad a los españoles

El Rey Felipe VI en su mensaje de Navidad a los españoles / EFE

No tiene muchas ocasiones el Rey para dirigirse a la ciudadanía, salvo que lo haga de manera extraordinaria y les dé a sus palabras una trascendencia igualmente excepcional. Esa es la razón por la que su discurso de Navidad, realizado en un momento en que la monarquía sufre un profundo desprestigio como consecuencia de las informaciones sobre la fortuna oculta de Juan Carlos de Borbón, parecía el momento adecuado para que Felipe VI hubiera abandonado las alocuciones al uso y se hubiera mostrado más rotundo a la hora de referirse al anterior monarca, su padre. Necesitaba para ello hablar con palabras claras, que entendiera el común de los mortales y no con expresiones implícitas que tienen que ser interpretadas después por los 'zarzuelólogos'.

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El Rey ha perdido la oportunidad de hacerlo. Era para él un discurso difícil, pero los ciudadanos hubieran agradecido una mención crítica y más explícita a la situación del rey emérito, realizada desde su dolor como hijo y su firmeza como jefe del Estado. Para aproximarse más al sentimiento popular y recuperar credibilidad para su persona y para la institución no basta, lamentablemente, con proclamar “los principios morales y éticos que nos obligan a todos sin excepciones, y que están por encima de cualquier consideración, de la naturaleza que sea, incluso de las personales o familiares”.

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Esa mención no es suficiente cuando muchos españoles que apoyan a la monarquía o creen que no es el momento de cuestionarla esperaban del Rey que se los ganase con su cercanía. Hubiera podido siquiera recordar lo que ya expresó en el comunicado del 15 de marzo cuando anunció su renuncia a la herencia de su padre y a cualquier activo cuyo origen “pueda no estar en consonancia con la legalidad o con los criterios de rectitud o integridad” que rigen la actividad de la Corona. Entonces fue más duro, pero eran palabras escritas en un frío comunicado. Hubiera sido bueno escuchar a Felipe VI expresarse de ese modo y añadir su disposición a prescindir de privilegios como el de la inviolabilidad.