Consumo audiovisual

Yo vi 'E.T.' en el cine

Sigue sin haber nada como ver una película en pantalla grande, pero me resisto a ver la depreciación que otros imputan al visionado doméstico

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El interior vacío del cine Aribau, en una foto de 2016.

El interior vacío del cine Aribau, en una foto de 2016. / JOAN CORTADELLAS

En aquella época mi fascinación por el cine coexistía con sus distintas etapas comerciales con naturalidad. Como espectadora entendía el valor de un estreno en pantalla grande y asumía la espera que precedía al alquiler y a la emisión de 'Sábado Cine' en TVE. Cada estreno era bien recibido y proporcionaba distintas satisfacciones. La sala me daba un torrente de adrenalina y no pocas. El debate en torno al futuro de las salas ante la amenaza del consumo en 'streaming' me ha hecho rememorar mi historia de amor con la gran pantalla.Yo vi 'E.T.' en el cine. Spielberg encendió con ella la llama de mi historia de amor con el audiovisual. Recuerdo perfectamente salir de la sala, cogida de la mano de mi hermana, tratando de disimular los lagrimones que caían por mis mejillas mientras los demás hacían bromas a costa de mi pena. A 'E.T.' le siguieron 'Karate Kid', 'La jungla de Cristal', 'Top Gun', 'Regreso al futuro', 'Dirty Dancing' y un larguísimo etcétera de clásicos ochenteros que todavía hoy veo religiosamente al menos una vez al año. Puede decirse que los cines echaron el cemento a los pilares de mi afición cinematográfica. Pero sin el videoclub y las cintas VHS con películas grabadas de la tele no habría tenido acceso a títulos que jamás pasaban por la cartelera, convencional y palomitera, de un cine de comarcas.Obsesiones relacionadas con lo que acababa de ver (ya fuese querer dar clases de karate, buscar mapas del tesoro o soñar con la chaqueta 'bomber' de Maverick). Y el televisor me daba detalle y perspectiva, gracias al control que yo tenía sobre la reproducción. Podías escuchar mil veces aquella declaración de amor, ver una y otra vez la carrera de la que alguien salía victorioso o tomar nota de la marca de zapatillas que llevaba el protagonista.

El año 2021 obligará a las salas a construir una nueva relación con el espectador pospandémico


Para cuando llegó internet y la piratería, las estanterías de mi casa estaban atestadas de deuvedés y mis visitas al cine aumentaron notablemente, gracias a los festivales y a los pases organizados por el Club Exit de EL PERIÓDICO. Muchas personas de mi entorno sucumbieron a las bondades de la nueva forma de consumo que, a pesar de ser de infinita peor calidad, era extraordinariamente cómoda. ¡Y gratis! En aquel momento ya trabajaba en el sector y me parecía inexplicable que las empresas estuviesen más centradas en buscar fórmulas para impedir y penalizar la difusión de copias ilegales que en encontrar maneras de capitalizar esa revolución digital, aquella que vaciaba las salas de cine y llenaba las colas de personas cargadas con bobinas de cedés vírgenes y discos duros extraíbles en la FNAC. La industria vivió a espaldas de esa realidad, aferrándose al concepto de experiencia y a los todavía cuantiosos beneficios de la exhibición en pantalla grande.

Netflix consiguió lo que no habían logrado los 'sites' de 'torrents': que la frecuencia de mis visitas a las salas se viesen reducidas al estreno. El 'streaming' fue la primera alternativa de ocio digital que conquistó gran parte de mi tiempo, mi atención y mi dinero.Ver una película se ha polarizado, de forma muy natural, en torno a dos experiencias que me ofrecen distintas gratificaciones. Magia cuando voy al cine. Comodidad cuando veo una película en casa. Y sí, sigue sin haber nada como ver una película en pantalla grande, pero me resisto a ver la depreciación que otros imputan al visionado doméstico.

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Con la pandemia mis hábitos se han consolidado. Y, a juzgar por las decisiones que han tomado los estudios de Hollywood, no he sido la única.Varios de ellos han decidido que el próximo año las películas lleguen antes a los hogares (o incluso de forma simultánea a su pase en salas o sin pasar por ellas). El año 2021 obligará a los cines a construir una nueva relación con el espectador pospandémico, con muchísimas más alternativas de visionado a su alcance. Esta fuerza imparable de Internet es lo que me reafirma en la convicción de que el hábito de asistir a salas ya no se puede generar y fomentar desde la restricción sino desde la accesibilidad, la prescripción y la experiencia colectiva. Solo la combinación de esas fuerzas ganará la batalla al confort de nuestros salones.

Siempre lloro cuando E.T. señala la frente de Elliot y dice aquello de «estaré aquí mismo», intentando que comprenda que quien está en la cabeza y en el corazón del otro nunca se va del todo. Sigue estando, pero de otra forma. Qué hermosa metáfora. 

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