FALSO ENFRENTAMIENTO

Disculpen, pero no hay conflicto lingüístico

A pesar de una situación desigual y de periódicos intentos de manipulación, catalán y castellano conviven aceptablemente

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Pintadas en el restaurante Marinella, en Barcelona.

Pintadas en el restaurante Marinella, en Barcelona.

Los que vivimos aquí sabemos que, por mucho que algunos eleven sus anécdotas a categoría, el catalán y el castellano conviven normalmente en Catalunya, dos lenguas que se superponen, se sustituyen o se mezclan con una naturalidad aplastante. Los que vivimos aquí sabemos, eso sí, que de las dos lenguas la débil es el catalán, porque es la que no tiene un Estado detrás, y porque sigue muy lejos de la paridad en ámbitos como la justicia o el cine, como también sabemos que la maravillosa inmersión lingüística ha servido, y todavía sirve, para protegerla, por mucho que intenten hacer ruido cuatro puñados de padres teledirigidos por partidos que sueñan en vano atizar un conflicto lingüístico que no existe.

Los que vivimos aquí sabemos que, a pesar de las dificultades que tiene que vencer, el catalán cuenta con instituciones sólidas que lo protegen, y tiene un admirable ecosistema radiofónico, teatral, editorial y de librerías que lo sustenta y que es casi homologable al de cualquier lengua europea. Los que vivimos aquí sabemos que el que acosó a una pizzería por no hablar catalán es un fanático aislado sin ningún apoyo social, como sabemos que cuando Vargas Llosa dice que el castellano está perseguido en Catalunya miente descaradamente y a consciencia con el único objetivo de confirmar sus apriorismos.

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Los que vivimos aquí sabemos que, en el apogeo del ‘procés’, con presos, exiliados e incidentes graves en la calle, las dos lenguas quedaron totalmente fuera del enfrentamiento y su cohabitación fue exactamente igual de pacífica de lo que era antes. Porque los que vivimos aquí sabemos que, a pesar de la manipulación de algunos políticos e intelectuales, a pesar de los histéricos de Twitter, castellano y catalán se dan la mano aceptablemente en la calle, sin que ninguna de las dos corra hoy ningún peligro de extinción. Y los que vivimos aquí agradeceríamos que dejaran un ratito en paz a las dos lenguas y a los que las hablamos. Por cierto: este artículo lo pueden leer indistintamente en castellano o catalán.