Apunte

Una involución democrática

De excusa en excusa, se cumplen dos años con el CGPJ prorrogado, un despropósito si se tiene en cuenta que no refleja las mayorías parlamentarias

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El presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y del Tribunal Supremo, Carlos Lesmes, el 25 de septiembre, en el acto de entrega de despachos a la nueva promoción de jueces, en Barcelona.

El presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y del Tribunal Supremo, Carlos Lesmes, el 25 de septiembre, en el acto de entrega de despachos a la nueva promoción de jueces, en Barcelona. / EUROPA PRESS

El tan anunciado pacto para renovar el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) no acaba de llegar. La última excusa del PP es que, si el Gobierno concede indultos a los presos del ‘procés’, se rompe el pacto. Primero el acuerdo se frustró cuando se publicó un wasap en el que se insinuaba que con Manuel Marchena de presidente del CGPJ el PP iba a controlar el Tribunal Supremo por la puerta de atrás. Después, el PP se negó a negociar mientras Unidas Podemos (UP) estuviera en el Gobierno. Más tarde, el veto se rebajó a que UP no tuviera ninguna influencia en la renovación del CGPJ.

Ahora, los indultos son la nueva traba para no ratificar el pacto posiblemente hasta después de las elecciones catalanas del 14 de febrero. Y así, de excusa en excusa, se cumplen dos años con el órgano prorrogado y con unos consejeros que siguen en sus puestos, sin reflejar las mayorías parlamentarias, con una composición que responde aún a la época de la mayoría absoluta de Mariano Rajoy. 

Todo el proceso es un despropósito que deja en muy mal lugar a la democracia española. Es inconcebible que lo que sucede en la renovación de los órganos constitucionales ocurra en otro país europeo. Pero el despropósito es aún mayor si se tiene en cuenta que, aunque hubo otro bloqueo, el CGPJ siempre ha reflejado a grandes rasgos las mayorías parlamentarias desde que en 1985 se cambió la ley del organismo para que los 20 vocales –12 jueces y ocho juristas— fueran elegidos por el Congreso y el Senado por mayoría de tres quintos.

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Es más, siempre hubo al menos un representante de las minorías en el Consejo. Izquierda Unida, el PNV o CiU pudieron proponer y elegir a un vocal. Si eso ocurría en tiempos del bipartidismo, ¿qué impide ahora que Unidas Podemos, ERC e incluso EH Bildu tengan el mismo derecho? ¿Lo que se podía hacer con un Congreso y un Senado bipartidistas no es posible ahora? ¿Tanta ha sido la involución de la democracia española o tanto ha aumentado el grado de la polarización política para que lo que antes era normal ahora no lo sea?