Cine

Una leyenda traicionada

La nueva versión de Mulán no es la heroína que nos inspiró a creer en nosotros mismos porque todos tenemos algo que aportar

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Un fotograma de ’Mulan’

Un fotograma de ’Mulan’

Pocas veces me alegro de haberme perdido el estreno de una película en el cine. Soy una de esas personas que saborean la experiencia de dejarse atrapar por esa mágica atmósfera, y abraza la abrumadora oscuridad con absoluta devoción. Me hundo en la butaca, cargada de palomitas y dulces, y me presto al momento perfecto, ese instante en el que se apagan las luces y la inmensa pantalla delante de ti se prende de imágenes y vida para transportarte lejos, más allá del mundo que te espera a la salida. 

Cuando supe que estaban haciendo una nueva versión del clásico Mulán, no pude evitar saltar de la emoción. Mulán, el clásico animado de 1998, me conquistó en la infancia como lo seguiría haciendo siempre, siendo una de esas películas por las que parece que no pasan los años. Mulán es el reflejo que muchas niñas soñaron con encontrar y nos fue dado, en VHS, envuelto en canciones maravillosas y una comedia arrebatadoramente sincera y bordada de mensajes que aún conservan su importancia y significado. 

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Esperé, pacientemente, a verla en Disney+. Apagué las luces y mezclé las palomitas con unas ganas indescriptibles de ser sorprendida... y cuando terminó la película me alegré de no haberla visto en el cine. Con una sensación amarga mordiéndome en la boca del estómago intenté entender por qué. Preciosa fotografía. Increíble banda sonora, con varios guiños a la original que nos conquistó tantos años atrás. Gran juego de cámara y sólidas interpretaciones. Y con todo siendo técnicamente espléndido, solo me quedaba la historia por revisar. Y es que aquella no era Mulán. Esa no era la heroína que nos inspiró a creer en nosotros mismos porque todos, incluyendo a aquellos que la sociedad tiende a menospreciar, tenemos algo que aportar. Mulán no necesita de la “magia” del “chi” para ser fuerte y capaz. Al inventarse poderes mágicos y llamarla “bruja”, e incluir ese flagrante plagio a Star Wars con la otra guerrera del “chi”, han malogrado el espíritu de la película original. Esa no era la muchacha que desafió a un imperio y nos enseñó la fuerza de la voluntad, el sacrificio y el honor. Esa no era, a fin de cuentas, Mulán.