EL PAPEL DE LOS MILITARES

Trasnochada pataleta de salvapatrias uniformados

El rey debería dejar claro que no hay un problema militar hoy en España y que las FAS no dan cabida a quienes cuestionan el orden constitucional

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Desfile de las Fuerzas Armadas en Madrid, el pasado 12 de octubre.

Desfile de las Fuerzas Armadas en Madrid, el pasado 12 de octubre. / DAVID CASTRO

A la espera de que algún día se desarrolle un debate público sobre el modelo de defensa que necesita España para hacer frente a las amenazas que afectan a su población y a su territorio, el escaso eco que las cuestiones militares encuentran en los medios de comunicación suele limitarse a dar noticia de alguno de los contingentes desplegados en el exterior, de cuestionables ventas de armas o de las crecientes deficiencias operativas de muchas unidades. Más raras son, afortunadamente, las que se refieren a pronunciamientos políticos de militares, como el de agosto de 2018 (a favor de Franco) o el que ahora inquieta con razón a los 26 millones de españoles que nos hemos visto señalados como candidatos al paredón por unos trasnochados salvapatrias. Y esta rareza deriva, fundamentalmente, del hecho de que la inmensa mayoría de los hombres y mujeres que forman parte de nuestras fuerzas armadas (FAS) entiende sin ningún género de dudas cuál es su papel en la vida nacional: servidores públicos subordinados al poder civil en el marco de la Constitución. Unas FAS que, desde el infausto 23-F, no solo han dejado de ser un poder fáctico sino que, en términos institucionales, han sido ejemplares en su interiorización de las normas propias de una democracia plena.

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Es obvio que, como en cualquier otro sector social, hay nostálgicos de la dictadura que sueñan (deliran) con volver al búnker. Nada relevante ocurriría si no fuera porque en este caso se trata de gente que ha tenido mando y armas a su disposición, aunque la mayoría disfruten ya de su condición de jubilados. También es cierto que el efecto acumulado de la crisis que estalló en 2008 y de la actual pandemia está dejando a muchos atrás. Y, con el añadido de la polarización que diversos actores políticos ceban a diario, aumentan los que terminan por cuestionar la misma democracia que nos ha llevado a cotas de bienestar y seguridad nunca vistas.

Ni salvadores ni patriotas

Pero nada de eso permite apelar a la Constitución para autoarrogarse un supuesto poder militar autónomo ni apuntar al rey como supuesto salvador. Nadie los ha designado como portavoces de la ciudadanía contra un Gobierno que es tan legítimo como cualquiera de los que hemos tenido en estas últimas décadas. Tampoco son propietarios de ninguno de los símbolos de España, ni portavoces de unas FAS a las que con su comportamiento golpista desprestigian muy directamente. No son salvadores de la patria ni tampoco patriotas, aunque solo sea porque, al igual que le ocurre al partido que los reconoce como “suyos”, no se puede amar a España mientras se odia a más de la mitad de sus habitantes, a los que dicen querer salvar de un infierno inexistente.

Contentarse con calificar lo sucedido como una simple tormenta en un vaso de agua, resaltando que no tienen capacidad real para desestabilizar el país, sería solo la primera parte de la tarea a realizar, porque interesa no sobredimensionar la importancia de lo que piensen y digan los promotores de las cartas y los manifiestos. Precisamente, para evitar que otros se sientan tentados a seguir en la misma dirección, se impone revisar los sistemas de reclutamiento y de formación militar para evitar tener que llegar a lo que acaba de ocurrir en Alemania, donde se ha disuelto una unidad de operaciones especiales ante la notable infiltración de elementos de extrema derecha en sus filas.

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Protagonismo aconsejable

Asimismo, aunque es elemental entender que el rey no debe contestar directamente a quienes se han atrevido a reclamar su liderazgo como simbólico jefe supremo de las FAS, su protagonismo resulta muy aconsejable en un sentido distinto. Como jefe del Estado, y mientras algunas fuerzas políticas se muestran irresponsablemente tibias en la condena a unos actos impresentables y otras se declaran abiertamente a favor, no sobraría una declaración regia que cierre el paso a las posturas antidemocráticas que se vienen sucediendo cada vez con mayor frecuencia. Una declaración, por ejemplo con ocasión de la próxima Pascua Militar, que deje claro que no hay un problema militar hoy en España y que las FAS no dan cabida a quienes cuestionen el orden constitucional que mayoritariamente hemos apoyado. Se trata de prevenir antes de verse obligados a curar.