HITOS DE ORIENTE

China acaba con la pobreza extrema

Pekín se adelanta 10 años al compromiso de Naciones Unidas, pero aún tiene que cerrar la brecha entre ricos y pobres, campo y ciudad e invertir en educación

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Xi Jinping, durante su discurso a la Asamblea Nacional del 2018.

Xi Jinping, durante su discurso a la Asamblea Nacional del 2018. / EFE / Roman Pilipey

China, pese a este aciago 2020, ha logrado un éxito histórico: acabar con la pobreza extrema del país. Era uno de los objetivos del XIII Plan Quinquenal (2016-2020), que confirmó que aún vivían 55,75 millones de personas con menos de 4.000 yuanes (504 euros) al año. El triunfo supone que China se adelanta en 10 años al compromiso de reducir la pobreza de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas.

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Desde su llegada al poder en 2012, Xi Jinping estaba obsesionado con erradicar la miseria que palpó de cerca durante la Gran Revolución Cultural (1966-1976), cuando en plena adolescencia fue enviado al campo a trabajar y vivió en una cueva de la aldea de Liangjiahe, en la provincia de Shaanxi. Para el presidente Xi, el fin de la pobreza es la bandera con que celebrar en 2021 el centenario del Partido Comunista Chino.  

Carreteras y caminos

El Gobierno elaboró en 2014 una lista de las zonas más pobres del país en la que incluyó 832 condados. El 21 de noviembre, los nueve últimos, todos ellos de la sureña provincia de Guizhou, anunciaron que sus ingresos medios anuales per cápita habían alcanzado los 11.487 yuanes. Según las autoridades locales, la conexión de las aldeas más remotas con carreteras y caminos ha sido fundamental para impulsar el desarrollo.Esta notable victoria, sin embargo, no ha evitado el crecimiento de la brecha entre ricos y pobres en China. La pandemia, como en muchos otros países, ha profundizado las desigualdades existentes tanto entre las personas como entre las ciudades y el campo y ha expuesto un enorme desequilibrio digital, sobre todo en las aulas.

Educación urgente

Aunque China ha conseguido el hito mundial de sacar a 700 millones de personas de la pobreza en 40 años, corre el riesgo de dejar estancados a cientos de millones si no aborda con urgencia la mejora de la educación primaria y secundaria en las zonas rurales, en las que reside el 40% de los 1.400 millones de chinos. La tasa de población infantil en esas zonas, sin embargo, es mucho mayor. Se supone que el 65% de los estudiantes de los nueve años de enseñanza obligatoria viven en pueblos y aldeas. Este desequilibrio se debe a que unos 300 millones de campesinos emigraron a las grandes ciudades en busca de mejores salarios, pero al no permitírseles cambiar su ‘hukou’ (padrón) no tienen derechos sociales, ni a la escolarización pública de los hijos ni a la sanidad, por lo que se ven obligados a dejarlos con los abuelos en los pueblos.En el campo, donde hay 60 millones de niños en edad escolar, el acceso a internet es muy deficiente, solo el 44% de las zonas rurales tiene banda ancha, según la Fundación de Investigación para el Desarrollo de China. Muchos migrantes que trabajan en fábricas por unos 500 euros mensuales tampoco se pueden permitir el lujo de comprar a los hijos móviles, tabletas u ordenadores. Por el contrario, la digitalización es primordial en la enseñanza de las escuelas urbanas, pero si los migrantes se llevan consigo a la familia, solo pueden escolarizar a los hijos (en 2016 acabó la limitación del hijo único) en escuelas privadas donde la educación es pésima.

Brecha de oportunidades

El gasto en educación de China se sitúa en torno al 4,3% del PIB, similar al de España, pero si no hace un esfuerzo urgente por preparar a los maestros de las zonas rurales y modernizar sus métodos de enseñanza y sus materiales corre el riesgo de frenar el desarrollo del país. Menos del 35% de los niños de esas zonas ingresa en la enseñanza secundaria superior, en comparación con más del 57% de los urbanos. Esta enorme brecha de oportunidades amenaza también la estabilidad social en un país que concede una enorme importancia a la equidad educativa, con un examen común de acceso a la universidad que supuestamente abre las más prestigiosas a toda la población. La iniciativa de ‘Internet + Educación’ puesta en marcha por el primer ministro Li Keqiang en 2019 se ha revelado insuficiente para la maratoniana tarea de impulsar la enseñanza obligatoria rural, necesaria para cohesionar la sociedad frente al vértigo de la transformación tecnológica.

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Titánico esfuerzo

Con una clase media de 400 millones de personas, una de las prioridades de Xi Jinping es doblarla para 2035 y construir una sociedad modestamente acomodada, con unos niveles de ingresos similares a los de un país occidental medio. China tenía en 2019 un PIB cercano a los 13 billones de euros, 10 veces mayor que el español, mientras que su renta per cápita era de 9.100 euros, frente a los más de 26.000 de la española. El éxito de la iniciativa dependerá de un titánico esfuerzo para elevar la educación de las zonas rurales con la que integrar a todos los niños que allí crecen en la revolución tecnológica y económica que Pekín promueve.

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