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Crepúsculo en Venezuela

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Maduro el pasado mes de febrero durante una rueda de prensa en el Palacio de Miraflores, en Caracas.

Maduro el pasado mes de febrero durante una rueda de prensa en el Palacio de Miraflores, en Caracas. / YURI CORTEZ (AFP)

Si los votos son la expresión de la voluntad popular para apoyar o revocar propuestas políticas, ideas, candidatos y proyectos de futuro, nada de eso es posible hoy por hoy en Venezuela. La falta de libertades, el clima político y el boicot de casi toda la oposición lo confirman. De ahí que la pregunta adquiera relevancia ¿Sirven para algo estas elecciones?

Puede que Nicolás Maduro acabe tomando este cuento electoral como algo más que un jarabe para legitimarse. De hecho, esta convocatoria tiene mucho de muestra de poder frente a una oposición cada vez más desarmada. Los pequeños partidos marginales que se han presentado no han sido capaces siquiera de unirse y buena parte de ellos lo han hecho más por mantener un compromiso de diálogo con el poder autoritario, que por la convicción de cambiarlo. Pero el resto de la oposición y especialmente Juan Guaidó, el principal oponente, pidieron el boicot a las urnas.

La participación puede ser el termómetro de lo que le pasa al país: que una parte de la población cada vez mayor ha dejado de tener esperanza en los votos. A Nicolás Maduro le da igual. No serán las urnas las que le saquen de su mentira presidencial, como tampoco las que le legitimen.

Línea dura

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A la oposición, en cambio, mientras se va fragmentando debería preocuparle que nada vaya a cambiar. A Guaidó, le reconocen presidente 60 países, pero eso no lleva al poder sin una intervención que nadie va a proponer ¿Qué piensa hacer? Hasta ahora se ha entregado a la línea dura que marcaba el presidente Trump desde la Casa Blanca.

La idea era asfixiar al régimen con sanciones hasta romperlo. Un error: la presión ha unido al Gobierno con el Ejército y divido a la oposición. Tanto que Maduro no tiene un problema de gobernabilidad. Tiene el país en la miseria y gobierna de forma totalitaria sin que esta oposición sea capaz de sacarlo. Las elecciones son una muestra más de su poder absoluto y de la irrelevancia de Guaidó. Entre unos y otros en Venezuela seguirá en el crepúsculo.